La cadena láctea argentina enfrenta una elevada presión impositiva que impacta directamente sobre los precios finales y la competitividad del sector. Así lo señala un nuevo informe difundido por el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), basado en un estudio del Centro de Estudios para el Progreso (CEPP) elaborado a pedido del Centro de la Industria Lechera (CIL).
Según el análisis, la carga tributaria total sobre productos lácteos comercializados en el mercado interno se ubica en torno al 38% del precio final de venta, con variaciones menores entre distintos productos. El estudio incluye impuestos aplicados en todos los eslabones de la cadena: producción primaria, industrialización y comercialización.
El trabajo destaca que el principal componente de la presión fiscal es el IVA, que explica aproximadamente el 45% del total de impuestos. Sin embargo, los tributos considerados distorsivos —como Ingresos Brutos, el impuesto a los Créditos y Débitos Bancarios y tasas municipales— representan cerca del 25% de la carga tributaria total, generando efectos acumulativos sobre los costos.
Además, el informe advierte que la carga fiscal podría elevarse hasta el 42% en determinados productos cuando se aplican estructuras impositivas correspondientes a empresas de mayor escala. En caso de excluir el impacto del Impuesto a las Ganancias trasladado a precios, la presión impositiva promedio se reduciría en unos 6,7 puntos porcentuales.
Desde una mirada institucional, los impuestos nacionales concentran cerca del 79% de la recaudación inicial. No obstante, tras el esquema de coparticipación federal, los Estados provinciales y municipales terminan recibiendo aproximadamente el 55% de los tributos asociados a los productos lácteos.
El documento remarca que la elevada carga impositiva, combinada con niveles de evasión fiscal, genera una distribución desigual del esfuerzo tributario, perjudicando principalmente a los actores formales de la cadena.

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