Con el Telescopio Espacial James Webb (JWST), un grupo de astronónomos hicieron un hallazgo que podría cambiar la comprensión de la formación planetaria. Se trata de L 98-59 d, un mundo de lava fundida que, según las investigaciones, probablemente emita un distintivo olor a huevos podridos.
Este exoplaneta, que orbita una pequeña estrella roja a unos 35 años luz de la Tierra, fue objeto de estudio con el JWST y telescopios terrestres. Los datos recabados sugieren que L 98-59 d, con aproximadamente 1,6 veces el tamaño de nuestro planeta, posee una atmósfera densa en sulfuro de hidrógeno. Este descubrimiento fue tan particular que justificó la creación de una nueva categoría de exoplanetas, ricos en moléculas de azufre pesado, que no encajan en las clasificaciones tradicionales de enanas rocosas gaseosas o mundos oceánicos "hicéicos". Los resultados del equipo se publicaron en la revista Nature Astronomy.
"Este descubrimiento sugiere que las categorías que los astrónomos utilizan actualmente para describir los planetas pequeños podrían ser demasiado simplistas", declaró Harrison Nicholls, líder del equipo de la Universidad de Oxford. Aunque es poco probable que este planeta fundido albergue vida, su existencia "refleja la gran diversidad de mundos que existen más allá del sistema solar", añadió Nicholls, planteando la intrigante pregunta: "¿qué otros tipos de planetas esperan ser descubiertos?".
Harrison Nicholls and colleagues suggest that exoplanet L 98-59 d could be entirely composed of molten lava: a magma ocean covering a mushy core. https://t.co/xoZ29Pgpdg— Nature Astronomy (@NatureAstronomy) March 16, 2026
Océanos de magma y una historia volcánica
Nicholls y su equipo emplearon simulaciones informáticas avanzadas para reconstruir la historia de L 98-59 d, que se extiende por casi 5 mil millones de años. Al comparar estos modelos con los datos reales de los telescopios, lograron vislumbrar los procesos internos del exoplaneta.
Determinaron que L 98-59 d probablemente tiene un manto de silicato fundido, similar a la lava terrestre, y un vasto océano de magma que cubre todo el planeta. Este océano global permite almacenar grandes cantidades de azufre durante miles de millones de años, liberando gradualmente gases ricos en azufre, como el dióxido de azufre, detectados en su atmósfera superior por el JWST.
Este reservorio de magma también podría haber ayudado al exoplaneta a conservar su atmósfera rica en hidrógeno y azufre, protegiéndola de la pérdida causada por el bombardeo de rayos X de su estrella. A lo largo del tiempo, el intercambio de moléculas entre la atmósfera y el interior del planeta lo ha moldeado, convirtiéndolo en el primer representante de una nueva clase de mundos sulfurosos con océanos de magma de larga duración.
Las simulaciones indican que L 98-59 d nació con una gran cantidad de material volátil y que, en el pasado, pudo haber sido un subneptuno mucho más grande. Es probable que se haya contraído y enfriado a lo largo de eones, perdiendo parte, pero no toda, su atmósfera.
"Lo emocionante es que podemos usar modelos informáticos para descubrir el interior oculto de un planeta que nunca visitaremos", comentó Raymond Pierrehumbert, también de la Universidad de Oxford. "Aunque los astrónomos solo pueden medir el tamaño, la masa y la composición atmosférica de un planeta desde lejos, esta investigación demuestra que es posible reconstruir el pasado remoto de estos mundos alienígenas y descubrir tipos de planetas sin equivalente en nuestro propio sistema solar".



