Por primera vez, la astronomía dejó de inferir y empezó a ver. El telescopio espacial James Webb logró analizar directamente la superficie de un planeta fuera del sistema solar, sin pasar por el filtro de su atmósfera.
Los astrónomos del Instituto Max Planck y el Centro de Astrofísica de Harvard usaron el instrumento MIRI del James Webb para analizar la luz infrarroja que emite la cara diurna de LHS 3844 b. Los datos descartan una corteza similar a la terrestre y apuntan a basalto, la misma roca que cubre la Luna y Mercurio. El planeta, sin agua ni gases detectables, alcanza 725°C y orbita su estrella en solo 11 horas. El estudio, publicado el 4 de mayo en la resvista especializada Nature Astronomy, marca el primer análisis directo de la superficie de un exoplaneta y establece un método para caracterizar la geología de otros mundos rocosos.
El objetivo fue LHS 3844 b, una supertierra 30% más grande que la Tierra ubicada a casi 50 años luz. A diferencia de estudios previos centrados en atmósferas, el equipo liderado por Laura Kreidberg midió el calor infrarrojo que irradia la cara diurna del planeta usando el instrumento MIRI del Webb.
Increïble!
El telescopi espacial James Webb permet, per primer cop, analitzar directament la superfície d'un exoplaneta!
És LHS 3844 b, una súper terra situada a 50 anys llum de nosaltres.
No s'hi ha detectat atmosfera i la superfície sembla composta per basalts (similar a… pic.twitter.com/rrgNRkbtao— Joan Anton Català Amigó (@estelsiplanetes) May 5, 2026
Descubierto en 2019, LHS 3844 b orbita una enana roja fría en apenas 11 horas. Tiene rotación síncrona: un hemisferio vive en día perpetuo a 725°C, mientras el otro permanece en oscuridad total. Entre 2023 y 2024, los astrónomos observaron tres eclipses secundarios, cuando el planeta se ocultó detrás de su estrella. La señal infrarroja obtenida se comparó con rocas de la Tierra, la Luna y Marte. El resultado descartó una corteza de granito y sílice como la terrestre, asociada a agua y tectónica de placas.
Los datos coinciden con basalto, una roca volcánica oscura rica en hierro y magnesio. Sebastian Zieba, autor principal del estudio, explicó que el planeta probablemente contiene muy poca agua.
Los investigadores proponen dos escenarios. El primero: volcanismo reciente con lava fresca no degradada por micrometeoritos. Sin embargo, MIRI no detectó gases como dióxido de carbono o dióxido de azufre que esa actividad debería liberar. El segundo: una capa gruesa de material oscuro y fino, producto de miles de millones de años de meteorización espacial por radiación e impactos, similar a lo que ocurre en la Luna y Mercurio.
El equipo del Instituto Max Planck de Astronomía y del Centro de Astrofísica de Harvard y Smithsonian ya planifica nuevas observaciones con el Webb. El objetivo es definir si la superficie es roca sólida o regolito suelto. Este tipo de desciframiento de las propiedades geológicas de planetas que orbitan estrellas distantes es el siguiente paso para desvelar su naturaleza, según los autores. La técnica aplicada en LHS 3844 b podrá usarse en otros exoplanetas rocosos para entender la diversidad de mundos en la galaxia.


