Enviado especial, desde San Cristóbal.- Es la noche previa al regreso a clases y diluvia en San Cristóbal. La esquina de la escuela 40 Mariano Moreno se inunda. No hay nadie y el agua se acumula debajo de la cámara de seguridad pública que captó las primeras imágenes de los alumnos que corrían desesperados hacia la calle porque adentro había estallidos de escopeta, en el inicio de una conmoción que lleva 15 días. Son las ocho de la noche del martes pero el agua cae desde la mañana. Circulan pocos autos y casi no hay movimiento. Salvo por un patrullero de la Policía que pasa dos veces frente al colegio que todo este tiempo estuvo cerrado porque se convirtió en "la escena del hecho".
A esta hora estaba programado un "encuentro interreligioso" en la plazoleta que está a unas diez cuadras, en el centro de la ciudad que es cabecera del departamento santafesino. Se suspendió por la lluvia que empezó a complicarlo todo. Esa cita no ocurre pero sí llegan a la puerta de la escuela, minutos antes de las nueve, dos personas. Son Víctor López y Silvia Musante, pastores evangelistas. Al rato otro y uno más. Cada uno dirige su propia Iglesia. Después se suma el cura católico de la parroquia, Daniel Ferrero.
–Si esto sigue no va a venir ningún chico mañana –dice el sacerdote y pone en palabras lo que todos murmuran: el esperado regreso a clases corre peligro.
Se van juntando sobre el portón amarillo del frente de la Mariano Moreno, una imagen que recorrió el país. Por ahora no se abre. Hay un policía en el interior que custodia el lugar. El agente no es solo una formalidad: la semana pasada detuvieron a un adolescente que se metió para robar parte de los objetos que quedaron retenidos desde el lunes 30 de marzo, cuando Gino C., de 15 años, empezó a disparar a sus compañeros, mató a Ian Cabrera, de 13, hirió a otros dos y seis más sufrieron lesiones físicas menores. Las psicológicas y emotivas son muchas más y no se pueden resumir en un listado breve.
El cura habla de campos inundados en la región y cuenta que recién vio cómo estaba la zona del hospital: "Hay que pasar remando en bote por ahí". Como si la furia del agua que cae desde el cielo cerrado y oscuro obligara a buscar un arca salvadora.
El delegado regional del Ministerio de Educación, Maximiliano Rodríguez, dice que el viernes pudieron reingresar a la escuela y el sábado bomberos voluntarios limpiaron "la escena del hecho". Tuvieron que usar lavandina y agua oxigenada. El lunes, los asistentes escolares completaron con una "limpieza fina" del resto del lugar y ordenaron. Por los ventanales del portón se ve el resultado de ese trabajo: el piso impecable y las sillas blancas apiladas en el fondo, al lado de la puerta del baño donde el chico de 15 años irrumpió a los tiros con una escopeta calibre 12/70 de doble caño.
El grupo interreligioso sube a ocho: son siete pastores y un cura.
–Venimos a orar, a pedir por la paz en la comunidad y que el señor nos proteja –resume Víctor, referente de "Jesús Cristo fuente de vida".
Ahora se suman la directora y la vice que no quieren, o no pueden, hablar. A las nueve en punto también llega una policía que hace el cambio de turno con el agente que estaba adentro. Todos ingresan. El último tiene una remera negra con un paloma del "Santo Espíritu" y una cita a los "Hechos 1:8", que alude a un poder transformador del enviado de Dios que llegará a todos lados, "hasta lo último de la tierra".
Desde afuera no se ve el ritual pero se escuchan voces que recitan. Es un momento de fe y emoción para el grupo selecto que se prepara para un día especial. Dura media hora. La lluvia se detiene por un instante. A las nueve y media, aplauden. Al rato salen y se despiden.
El último en irse es el pastor Darío García, exjuez de línea en el Mundial 2006 (el que vio el cabezazo de Zinedine Zidane en la final, aclara con cierto orgullo el delegado regional). Con una sonrisa y un buen ánimo tan contagioso como extraño para el momento, el exárbitro invita a su iglesia desde las 10.
Aún con las dudas que genera el mal tiempo, Maximiliano Rodríguez explica cómo será la dinámica del regreso del miércoles a la mañana. Cuenta que no todos los alumnos ni las familias transitaron estos días de la misma manera. Los más grandes, los de quinto año por ejemplo, pidieron volver a clases y no quedarse anclados en el hecho en sí. Hablarlo desde otro lugar y pensar hacia adelante.
Temporal y patio desierto
Durante la madrugada del miércoles, la lluvia se volvió temporal con un viento frío de costado. Algunas zonas de San Cristóbal se inundaron. En los barrios más bajos, el agua ingresó a las casas. La Municipalidad desplegó cuadrillas de asistencia, limpieza y colocó bolsas de arena. El periodista local Andrés Giménez difunde pedidos de ayuda por colchones mojados y familias con bebés o con adultos mayores. “Están solicitando ayuda ya que se les llueve toda la casa”, explica.
En la puerta de la escuela no hay nadie. Hace 16 días, a las 7.01 del último lunes de marzo, el adolescente Gino C. venía en una moto azul hacia acá y era filmado por una cámara de seguridad. Iba solo y tenía en una mochila la escopeta que, según su abuelo, se la robó de su casa. Cuando llegó, fue directo al baño. Cargó dos cartuchos y el primer disparo le dio a Ian Cabrera, de primer año, que estaba dentro del baño. El chico llegó a salir y en el pasillo recibió el segundo impacto fatal.
A las 7.11, una estampida de alumnos y alumnas que salieron por la puerta de la Mariano Moreno fue registrada por otro dispositivo del centro de monitoreo y encendió la primera alarma: algo extraordinario estaba pasando.
Gino volvió a cargar el arma larga de doble caño y disparó otras dos veces. Hirió a dos chicos más, de 13 y de 15, que fueron internados en hospitales de Rafaela y de Santa Fe. El patio y la calle eran un hervidero de pibes y pibas saltando tapiales, rejas y rompiendo vidrios para escapar. Muchos se lastimaron en ese momento.
Un minuto y medio después, pasadas las 7.12, la misma cámara exterior captó cómo escapaban otros chicos y chicas que esta vez salieron por el costado de la escuela conocida como “La Nacional”. Ahora, esa reja que da al patio exterior está cerrada con cadena y candado.
Más allá, el bicicletero, en el que habían quedado retenidas las bicicletas de quienes no llegaron a retirarlos, está ahora vacío; la bandera argentina que permaneció arriada varios días, ya no está; y el vidrio circular de una puerta del fondo que estaba roto, fue cambiado.
La idea era que esta mañana, 16 días después, la comunidad educativa retomara esa vida que perdieron. Al menos desde otro lugar. "Tenemos miedo de volver a esa escuela", advirtieron los chicos ese mismo día, cuando se juntaron en la plaza que está a dos cuadras.
Algo de eso permanece y reaparece en cada charla con los habitantes de una ciudad de unos 15 mil habitantes. No hace falta que se trata de alguien ligado de forma directa a la escuela. Patricia, recepcionista de hotel, dice que su vecina tiene un hijo de 13, compañero de Ian, que volvió a dormir con ella porque tiene pesadillas de noche. Empezó a ir al psicólogo y no volverá a clases hasta que ese profesional “le dé el alta”.
La reprogramación
A las 8 del miércoles, llega a la escuela Nº 40 una maestra tapada con una campera oscura. Es la primera. No hay nadie afuera. Al minuto, dos, más. De a poco se acercan más docentes, con pilotines rojos, grises y paraguas. Un valiente que desafía el diluvio camina por la mitad de la calle anegada en patas y el jean levantado hasta las rodillas. Tiene las medias y las zapatillas guardadas dentro de la campera.
Adentro de la Mariano Moreno se saludan, se abrazan; en algunos casos parece un reencuentro. Una de las recién llegadas saluda desde el patio interno a dos porteras que barren en la planta alta, en la zona donde una alumna llegó a filmar con su celular a Gino con la escopeta. El video del tiroteo.
El plan era iniciar las actividades a las 8.35 con un primer grupo de tres cursos (dos primeros años y un cuarto) y a las 10.20, otro (dos cuartos años y un quinto). Pero todo fue reprogramado por el temporal para el lunes próximo. Siguen en pie las reuniones con los padres de la tarde, desde las 14.
Será, en principio, el largo y complejo regreso a la actividad de una escuela y una comunidad aún atravesadas por el trauma.
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