Un estudio del Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la UNR analizó el complejo escenario que enfrentan los jóvenes de 18 a 24 años y advierte sobre una preocupante transición de la desocupación a la inactividad y el peso de la informalidad. Allí se observa que "la tasa de desocupación general en el aglomerado ronda el 7%", pero “en los jóvenes, este indicador, escala hasta el 32% en algunos trimestres, lo que significa que el desempleo juvenil triplica o incluso cuadriplica la media general”.
Desde el Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la UNR, vienen llevando a cabo un trabajo de seguimiento respecto del empleo joven, sus particularidades y sus dificultades.
La investigación, codirigida por la magíster Verónica Véntola y bajo la dirección de Alicia Castagna, pone el foco en la franja etaria de los 18 a 24 años, un segmento que históricamente fue uno de los más permeables a los vaivenes de la economía regional.
De acuerdo a los datos procesados de la Encuesta Permanente de Hogares, en el Gran Rosario viven aproximadamente 145.000 jóvenes (en ese rango etario). De este total, el dato más impactante es que más de la mitad (50,7%) son hoy considerados inactivos: personas que no trabajan ni buscan empleo, indica el texto que escribe la licenciada en Comunicación, Victoria Arrabal.
Entonces, el equipo de investigación de la UNR analizó la evolución del nivel de actividad económica en Rosario: "Durante 2023, la región mostró una resiliencia particular, con un crecimiento moderado del 3,6% que contrastaba con los retrocesos a nivel provincial y nacional. No obstante, el panorama cambió en 2024.
En el segundo semestre, las caídas interanuales son significativas en sectores claves, que suelen absorber mano de obra joven".
El detalle muestra que la construcción cayó, al igual que lo hicieron la industria manufacturera y el sector de hoteles y restaurantes. Este deterioro del tejido productivo, compuesto en el aglomerado mayoritariamente por PyMEs, impactó de manera directa y más profunda en los grupos más vulnerables.
En el informe, Verónica Véntola advirtió sobre una tendencia preocupante entre el primer trimestre de 2023 y el último de 2024: mientras que la población joven que busca trabajo descendió un 41%, el universo de los denominados “ni-ni” (que no estudian ni trabajan) aumentó un 30%".
“En estos dos años hubo una destrucción grande de puestos de trabajo para los jóvenes, y muchos de ellos pasaron a engrosar el universo de los inactivos, no de los desocupados. Esto indica un retiro del mercado, muchas veces por falta de expectativas o agotamiento de las búsquedas”, explicó la investigadora.
Desocupación x4 entre los jóvenes
Cuando se analiza a quienes sí están dentro del mercado laboral, la brecha es alarmante. Si la tasa de desocupación general en el aglomerado ronda el 7%, “en los jóvenes este indicador escala hasta el 32% en algunos trimestres, lo que significa que el desempleo juvenil triplica o incluso cuadriplica la media general”.
La calidad del empleo es otro eje crítico. La informalidad laboral, es decir, el empleo sin aportes jubilatorios ni seguridad social, se consolidó como un rasgo estructural. Durante 2024, la informalidad juvenil alcanzó picos cercanos al 70%.
Por otro lado, la desigualdad de género marca una trayectoria diferenciada. Si bien los varones encuentran trabajo con mayor rapidez, suelen estar más expuestos a la informalidad. En contrapartida, las mujeres jóvenes enfrentan tasas de desocupación más elevadas y una mayor tendencia a quedar fuera del sistema laboral bajo la calificación de “amas de casa”, lo que limita profundamente sus procesos de emancipación y autonomía económica.
El desafío de las habilidades laborales
Un punto relevante de la investigación es el desajuste entre la formación educativa y las demandas del mercado. Si bien se observa una mejora en el perfil educativo de los jóvenes ocupados, con un aumento de quienes cursan estudios superiores, esto no garantiza la estabilidad.
Basándose en relevamientos previos y el contacto directo con el sector productivo, Véntola señala que la brecha hoy no es solo técnica, sino de “habilidades blandas”.
“A los jóvenes les cuesta la escucha activa, el trabajo en equipo y el cumplimiento de horarios de ocho horas. Existe una nueva mirada generacional sobre el trabajo que choca con las estructuras tradicionales de jerarquía, lo que deriva en una altísima rotación: muchos jóvenes están dos días en un puesto y se van”, detalla la docente investigadora.
Esta situación reabre el debate sobre la necesidad de actualizar los sistemas escolares para adecuarlos a un mercado que hoy demanda, además de títulos, competencias digitales y sociales que la educación formal obligatoria no siempre logra cubrir de manera efectiva.



