Después de conquistar la Quinta Vergara en el Festival de Viña del Mar y de convertirse en un fenómeno internacional, el humorista chileno Lucho Miranda regresa a Rosario con su espectáculo Abriendo las manos. El artista que transformó su discapacidad en motor creativo vuelve al Teatro Broadway este sábado, a las 22.45
En cada presentación, Miranda no solo hace reír: conmueve, interpela y rompe esquemas. Su historia se volvió conocida en todo el continente cuando, sobre el escenario del prestigioso festival, se ganó primero la Gaviota de Plata y luego la de Oro, dejando en claro que su humor no entiende de límites. Desde ese día, su nombre empezó a resonar con fuerza en Chile, Argentina y el mundo.
Con un estilo propio, Miranda encontró en sus vivencias con la parálisis cerebral una forma de narrar la realidad desde la risa, la ironía y la ternura. En Abriendo las manos, su espectáculo más personal, convierte la discapacidad en un punto de partida para hablar de prejuicios, miradas ajenas y, sobre todo, de “la capacidad de reírse de uno mismo”. Su humor directo, despojado y profundamente humano lo posicionó como uno de los comediantes más virales de las redes sociales, donde sus videos suman millones de reproducciones y cruzan fronteras desde Sudamérica hasta Europa.
Antes de la función en Rosario, Lucho Miranda dialogó con Rosario3.
—¿Cuándo comienza la historia de Lucho Miranda con el humor?
—Bueno, yo creo que siempre me ha gustado la comedia. En pandemia, empezó la idea de dedicarme a la comedia, a verlo como un trabajo. Pasó lo que creo que a mucha gente le pasó que tuvo más tiempo libre en su trabajo, en el día a día, como que los horarios se pusieron medio extraños. Entonces, ahí tuve más tiempo para dedicarme a este hobby que hoy se hobby se transformó en mi trabajo ahora.
Mucha gente al final piensa que la discapacidad es lástima, es pena, es sufrimiento, y no es así, porque es una condición que la vida te da.
—A partir del hecho de hablar en primera persona como persona con una discapacidad, lograste una química increíble con el público…
—Sí, eso es muy muy genial. Como que sigo acá en Chile, pero en la Argentina el cariño que tengo de la gente es increíble, a mí me sorprende mucho. Cuando fui a la Argentina pensé que la gente no me iba a saludar en la calle, y sí, me saludan, me piden fotos. Es algo increíble. Lo que he generado a través de la comedia y, a través del contenido que subo a redes sociales, son las interacciones del show. Mi show es de comedia, de stand-up. Hago como una hora y quince de yo contando chistes, y hay una parte en el show de interacciones, donde converso con la gente, y converso con la gente que tiene discapacidad que va al show. Ahí conversamos y esas cosas y yo las subo después a las redes sociales. Eso ha generado un impacto muy positivo, no solamente genera risa, sino que también genera como un cambio de mentalidad. Mucha gente al final piensa que la discapacidad es lástima, es pena, es sufrimiento, y no es así, porque es una condición que la vida te da. Uno tiene que saber vivir con ello, y ese punto de vista, no estaba muy interiorizado en la cultura, entonces como que mucha gente se sorprendió, y ha sentido un buen camino hacia este nuevo lado de ver la discapacidad.
—¿Cómo era tu vida antes de subirte a un escenario y cómo fue ese primer paso?
—Yo creo que, en ese tiempo, estaba muy frustrado. Antes de que llegara la pandemia, estaba muy frustrado en mi trabajo. Estudié contabilidad cuatro años. Estuve trabajando en una oficina como por cuatro años y sentí que no me gustaba. Sentí que desde el primer año que entré a estudiar que no me gustaba lo que estaba haciendo. Por presiones familiares y todo, al final uno termina siendo, pero no me sentía cómodo. Entonces me sentía muy frustrado y la pandemia me llevo buscar un nuevo camino. En la pandemia, uno se sintió como la libertad de decir: “Ya si no lo hago ahora, quizás no lo haga nunca más”. Pues si la vida en ese momento se veía todo muy gris, todo muy oscuro. Entonces, ahí fue como este lado de liberarme de esas situaciones. Empecé a trabajar en la comedia y la sensación que recibí cuando me subí al escenario era increíble. El subirse a un escenario es muy adictivo; la risa, el aplauso de la gente, el nerviosismo de que en todos los shows pase algo distinto, es muy llamativo, es muy adictivo.
—¿Cómo fue ese primer público?, ¿fueron tu familia, tus amigos? ¿Alguno te dijo que no lo hagas?
—Sí, como consejo, si es que alguien se está dedicando a la comedia, debe dedicarse a la comedia. Nunca le cuenten los chistes a sus amigos ni familiares. ¿Por qué? Los encuentran todos malos. Yo tuve la “fortuna”, entre comillas, de que los primeros veces que me subí al escenario, iba de telonero, no era mi show. Entonces, como me enfrenté con un público muy universal o un público que no me conocía, ahí uno ve si en verdad los chistes funcionan o no funcionan. A veces, me pegaba unos “guatazos”, se dice acá en Chile, en Argentina se diría: “Nos pegamos un palo”. Como que no funcionó nada y ahí uno tenía que cambiar los chistes. Pero contar el chiste a tu familia no se lo recomiendo a nadie. La familia va a decir muchas cosas o van a encontrar el chiste muy bueno cuando no lo es, o lo van a encontrar muy mal, cuando si puede ser muy malo, pero no hay que contarlo.
Estamos perdiendo los prejuicios acerca de hacer humor sobre personas con capacidades diferentes.
—Lucho, vos ponés en primer plano tu discapacidad, que es haber nacido con parálisis cerebral. En el escenario, te encontrás con otras situaciones y seguís haciendo humor. ¿Te ponés algún límite o vale todo?
—Buena pregunta, Alejandro. No creo que valga todo. O sea, me la han dicho como que yo voy a hacer humor de todo, pero se siente que no me corresponde. Mi punto de vista siempre es hacer reír, es lo que más quiero, lo único que quiero diría yo en el show, hacer reír. Entonces, no me gustaría incomodar a la gente o colocar un pensamiento que yo tengo por sobre su pensamiento. Mi finalidad va a ser siempre hacer reír. Entonces dado esa mentalidad que tengo, siempre trato de que los chistes no ofendan, que la gente no se enoje y que vaya al show sabiendo que lo va a pasar bien.
—Hay algo que a mí me gusta mucho de tu humor y es que elegís el llamado “humor negro”, la incomodidad. El límite es muy finito…
—(Risas) No sé cómo me sale. Hay mucho trabajo. He estado trabajando mucho con esto para hacer que él siempre sea, que esté en el límite correcto. O sea, como que, si hay una frontera, que esté en la frontera de lo correcto, pero que esté ahí, como que esté a dos pasos de pasar la frontera. Hay algo interesante que me parece que se produjo en los últimos años, quizás podés concidir o no conmigo, en el sentido de que estamos perdiendo los prejuicios acerca de hacer humor sobre personas con capacidades diferentes. Yo creo que e. interesante, porque quizás antes se hacían chistes con personas con síndrome de down, gente ciega, gente con autismo, gente coja; se hacían chistes de eso, pero esas personas no tenían nada de esas condiciones, entonces como que se veía bien extraño. Ahora, que el chiste del cojo lo haga un cojo, o el chiste del ciego lo haga un ciego, le da otra importancia, e da otro sentido. Al final, por lo menos lo que yo hago, que es un stand-up, es como contar una realidad. Entonces, esa realidad solamente la puede contar la persona que tiene esas dificultades, entonces entregar ese punto de vista yo creo que es muy interesante y por eso la gente lo agradece también.
—¿Por qué hay que ver este espectáculo?
—No es tan fácil tu pregunta. Yo creo que mi show es muy divertido. He tenido la fortuna de viajar a muchas ciudades, a muchos países y han funcionado el show, la interacción y la recepción de la gente. Entonces, de verdad que lo van a pasar muy bien, se van a divertir. Como te decía, es una hora y quince del show, más la interacción, entonces puede estar el show durando una hora y cuarenta fácilmente. Hago un show largo. Van a sentir bien aprovechado su dinero. Aparte, la gente de Rosario, cuando fui el año antepasado, me recibieron muy bien. La gente se rio mucho. Tengo muchas ganas de volver, de poder sentir ese cariño que me entregaron esa vez.
Las entradas para la función de Abriendo las manos se pueden adquirir en la boletería del teatro Brodway y a través del sistema tuticket.com.ar.



