Los dos detenidos en la causa que investiga el homicidio del bebé Gian Mastrocola, muerto de un balazo el pasado jueves en una barbería del sur rosarino, quedaron en prisión preventiva por el plazo máximo por resolución del juez Juan Gasparini, quien presidió la audiencia realizada este lunes en el Centro de Justicia Penal.
Durante el trámite judicial, los imputados estuvieron presentes e hicieron uso de la palabra. A cuatro metros se encontraban los padres de Gian y, entre el público, también estaban los abuelos del niño.
Kevin Portillo (25), considerado el autor material del crimen, admitió haber jalado el gatillo del revólver calibre .38 que dio muerte al bebé en la barbería de Valentín Mastrocola, ubicada en Melincué 6136. Sin embargo, aseguró que al efectuar los disparos no llegó a ver al niño en brazos de su padre. De lo contrario, “nunca hubiera hecho eso”, ya que —pretextó— “tiene sobrinos menores de edad”.
@telenocheRos |⭕️ CRIMEN DEL BEBÉ EN LA BARBERÍA: LA INVESTIGACIÓN
La fiscal de Homicidios Agustina Eiris confirmó que hay tres personas detenidas por el ataque a tiros en el que murió Gian, de un año y medio. Sostuvo que todo indica que el asesino está entre los detenidos pero… pic.twitter.com/xh0giMIgzR— elTresTV (@elTresTV) March 7, 2026
Portillo fue aprehendido por vecinos luego de caer de la moto 110 en la que se movilizaba segundos después de los disparos en la barbería. Por poco no terminó linchado. En su arresto participaron un gendarme que se encontraba de civil y un policía retirado que advirtieron los disturbios en el local.
En esa secuencia el revólver calibre .38 fue incautado. El conductor de la moto logró escapar y es uno de los tres hombres que restan detener. Los otros integrantes de la patota, incluido Vallejos, se movilizaban en un Corsa gris que esa misma noche fue secuestrado en Patricios al 600 gracias a un dato que llegó al personal policial.
“Inocente”
El otro imputado, Alan Vallejos, se declaró inocente, al menos respecto de su responsabilidad en el homicidio.
“Doy la cara. A mí no me secuestraron ningún celular. En mi casa no encontraron nada”, afirmó, negando las imputaciones de la fiscal Agustina Eiris.
Dos horas después del homicidio, el personal policial siguió el rastro de Vallejos hasta una terraza de Bacle al 6300. En el departamento, personal del Comando Radioeléctrico secuestró una pistola calibre 11.25, una bolsa con 306 gramos de cocaína sin fraccionar y un celular destrozado. Por ello también fue imputado por tenencia de arma de guerra y de estupefacientes con fines de comercialización.
Según expuso la fiscal Eiris, Vallejos —apodado Cráneo— participó en las tres secuencias del episodio que terminó con la muerte de Gian en la barbería de Valentín Mastrocola. El origen del conflicto, sin embargo, no fue precisado por la Fiscalía, y el juez Gasparini pidió profundizar en ese punto.
Las entrevistas leídas por la fiscal no explicaron con claridad el motivo del altercado entre Vallejos y un joven identificado como Ismael G., quien se encontraba en la barbería.
De la investigación se desprende que ese jueves Vallejos pasó en moto frente al local y, al ver a Ismael, le gritó “pedazo de gil”.
Poco después regresó a la peluquería en un Chevrolet Corsa, acompañado por su primo Alexis —que permanece prófugo— y, munido de una manopla, golpeó a Ismael. Además rompió el parabrisas de la Citroën Berlingo de Ángel, el abuelo de Gian. Por esas conductas también sumó imputaciones por lesiones y daños.
Al retirarse en el Corsa, una botella retornable de Coca-Cola —presuntamente arrojada por Ismael— estalló la luneta trasera del vehículo. Entonces los agresores prometieron volver.
La insensatez llegó a su punto crucial diez minutos después. Para ese momento Ismael, uno de los ejes del conflicto, ya se había retirado. En la barbería estaban los Mastrocola, ajenos al desaguisado.
Eran las 18.10 cuando la patota regresó en el Corsa junto con el tirador en moto. Portillo se bajó frente al local y efectuó tres disparos. Uno de los testigos lo vio “poner un pie dentro de la barbería” antes de disparar.
Uno de los proyectiles le rozó el hombro al peluquero Valentín. Otro impactó en el corazón de Gian y le provocó una muerte instantánea por shock hipovolémico.
El juez Gasparini reprochó el “desprecio por la vida” de los imputados y consideró que existen elementos para analizar el homicidio como un hecho premeditado, un agravante que podría derivar en una eventual condena a prisión perpetua.



