El transero Eduardo Muñoz, señalado por la Fiscalía federal como el actual cabecilla de la banda criminal que controla el narcomenudeo en un sector de Villa Banana, fue imputado este viernes como líder de una asociación ilícita, por el homicidio calificado del policía federal Rodolfo Manfredi y por el intento de homicidio de otros dos agentes de la Policía Federal. En la misma audiencia también fue imputado su hijo Thiago, quien, por ser menor de edad, quedó con prisión domiciliaria por decisión del juez de garantías Carlos Vera Barros.

La audiencia se realizó este viernes en los Tribunales Federales de Rosario y estuvo a cargo de los fiscales Matías Scilabra y Gonzalo Ruggeri. El magistrado dio por formalizada la investigación en los términos planteados por la Fiscalía, dictó un año de prisión preventiva efectiva para Eduardo Muñoz y dispuso el arresto domiciliario, junto con una serie de medidas que apuntan a controlar el encierro del adolescente.

El tucumano Manfredi estaba asignado a una unidad que realizaba patrullajes para el Plan Bandera.
El tucumano Manfredi estaba asignado a una unidad que realizaba patrullajes para el Plan Bandera.

Con estas dos nuevas imputaciones ya son cuatro los integrantes del clan Muñoz acusados en la causa.

Días atrás habían quedado detenidos e imputados Jorge Gustavo Muñoz –según una versión, apodado Morcilla– y Luis Miguel Muñoz, ambos sindicados como partícipes del ataque ocurrido la noche del 11 de junio en Gutenberg y bulevar 27 de Febrero, en Villa Banana, donde fue asesinado el agente de la Policía Federal Rodolfo Manfredi y resultó herido su compañero Emilio Gómez Villafañe; mientras que el tercer efectivo, Ricardo Barrios, resultó ileso. Mario “Costra” Peralta (25), un satélite de la banda, también se encuentra detenido, señalado como quien hurtó el arma y el celular de Manfredi una vez que cayó fulminado por los tres disparos que le impactos en la espalda.

Gutenberg y 27 de Febrero, una zona controlada por las huestes del Sapo Saravia. Foto: PDI.
Gutenberg y 27 de Febrero, una zona controlada por las huestes del Sapo Saravia. Foto: PDI.

Para los fiscales, la organización que hoy conduce Eduardo Muñoz es la continuidad de la estructura narco que encabezaba Dalmacio "Sapo" Saravia, pareja de Marianela Muñoz, hermana de Eduardo. Saravia fue condenado por narcotráfico y, según la acusación, su detención no desarticuló la banda, sino que produjo una reconfiguración interna.

Los investigadores sostienen que, tras ese vacío de poder, Eduardo Muñoz dejó de ocupar un rol secundario para convertirse en el organizador de la estructura. En la audiencia recordaron que en 2023 había sido condenado como partícipe secundario de una causa por venta de drogas, mientras que ahora es señalado como el encargado de coordinar el acopio de estupefacientes, su distribución y el funcionamiento de los puntos de venta en Villa Banana.

Según la acusación, la organización operaba de manera permanente en el sector comprendido entre 27 de Febrero, Avellaneda, Rueda y Felipe Moré, los antiguos terrenos de la playa ferroviaria Patio Triángulo, donde además de vender cocaína y marihuana ejercía un control territorial mediante amenazas, armas de fuego y ataques violentos.

La imputación sostiene que Eduardo Muñoz dirigía la organización y que su hijo Thiago –definido como un “pibito sanguinario”– integraba esa estructura junto con Jorge y Luis Miguel Muñoz, Costra Peralta y al menos otras diez personas, entre las que se cuentan los apodos Colombiano –señalado como sicario y posible tirador–, Diente de Lata, Mojarra, Borrachín, Toto y Bebe.

Luego del crimen del policía, las autoridades derribaron aguantaderos vinculados con la banda narco.
Luego del crimen del policía, las autoridades derribaron aguantaderos vinculados con la banda narco.

De acuerdo con la imputación fiscal, aquella noche los tres policías federales realizaban tareas de civil cuando fueron descubiertos por integrantes de la banda. Los acusados comenzaron a silbar para alertar al resto del grupo y luego les exigieron que abandonaran el barrio. La secuencia terminó con un enfrentamiento en el que Manfredi perdió la vida.

En este punto, vale aclarar que aún no está del todo claro qué tipo tareas hacían los agentes de civil en un sector caliente de la ciudad y en horas nocturnas, sin chaleco antibalas. La versión que más cobró fuerza, que no fue volcada oficialmente al legajo penal, refiere que un superior les ordenó que simularan ser compradores de droga para llegar a los vendedores y así lograr arrestos en flagrancia. Sin uniforme, pero lejos de aparentar el aspecto de un “fisura” o adicto, los agentes se adentraron en un pasillo, pero no tardaron en ser reconocidos como policías por los soldaditos que deambulan por la villa.

“A mitad de camino, por Gutenberg, empezaron a venir y me decían: «váyanse, váyanse». Cuando comenzaron a salir, dije «ya nos reconocieron, vamos despacio, para que no piensen que tenemos miedo». Mientras nos retirábamos, les dije «el último recurso es el fierro», declaró Barrios, el policía que salió ileso sobre lo ocurrido en torno de las 23.30.

Mientras tanto mirando para atrás por las dudas de que los agredan, salió un “petiso” que sacó un arma y comenzó a disparar, dice la versión de Barrios. “Ahí nosotros automáticamente sacamos el fierro y tiramos. Me acuerdo ahí que los tres también sacamos y tiramos”, contó el efectivo.

Uno de los testigos incorporados a la investigación afirmó que antes del ataque se escuchó la frase: "Cobani, ustedes no son de acá, toque banda".

La expresión "tocar banda" es un modismo coloquial que significa retirarse del lugar o marcharse, generalmente porque la situación se volvió tensa o peligrosa. Para los fiscales, esa orden fue seguida por la emboscada.

Manfredi recibió tres disparos por la espalda y murió en el lugar. Gómez Villafañe sufrió dos impactos y permaneció internado en terapia intensiva, mientras que Barrios esquivó las balas.

Además del homicidio y las tentativas de homicidio, la acusación describe una organización dedicada al narcomenudeo que imponía su dominio mediante intimidaciones a los vecinos.

En informes incorporados a la causa, investigadores de la Policía Federal señalaron que habitantes de Villa Banana describieron a Eduardo Muñoz como quien asumió el liderazgo de la banda tras la caída del Sapo Saravia. Según esos testimonios, el grupo amenazaba a familias para apropiarse de viviendas y obligaba a algunos vecinos a colaborar con la organización como vendedores, "soldaditos" o vigilantes.

También se incorporaron testimonios reservados que describen que el acusado utilizaba viviendas del barrio para almacenar armas y drogas y que quienes se negaban a colaborar eran intimidados con armas de fuego.

Durante los allanamientos realizados al día siguiente del crimen de Manfredi, los investigadores secuestraron cocaína fraccionada para la venta, marihuana y varias armas de fuego, entre ellas una pistola Bersa calibre .22 que, según un cotejo balístico, presenta una posible vinculación con una vaina hallada en la escena del ataque.

A Eduardo Muñoz se le atribuyeron los delitos de asociación ilícita agravada por estar destinada a cometer delitos previstos en la Ley de Estupefacientes y por valerse de violencia para cumplir sus fines; comercialización de estupefacientes organizada por tres o más personas; homicidio calificado de un miembro de una fuerza de seguridad; dos tentativas de homicidio calificadas y tres hechos de tenencia ilegítima de armas de fuego.

En tanto, a Thiago Y. M. se le imputaron los mismos hechos, aunque en carácter de integrante de la organización. 

El juez Vera Barros formalizó la investigación respecto de ambos y dispuso que Eduardo permanezca detenido con prisión preventiva por un año, mientras que el adolescente cumplirá arresto domiciliario bajo medidas de control.