“No, no voy a ser candidato”, repetía una y otra vez en un loop agotador. El 10 de julio de 2002 Carlos Reutemann confirmó formalmente que no sería candidato a presidente y eso impactó en un escenario que ya lo veía como el dirigente “puesto por el voto popular”. Argentina, en crisis infinita atravesaba desde la caída de Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde, en medio de ese incendio, buscaba un candidato para las elecciones del año siguiente. La policía había acribillado a dos militantes (Kosteki y Santillan) y el gobernador de Santa Fe era uno de los nombres principales según todas las encuestas de aquel tiempo.

Cuando le preguntaron por qué había rechazado la candidatura, Reutemann dejó una frase, en el programa de Jorge Lanata, que permaneció durante años sin explicación: “Vi algo que no me gustó y que tal vez no voy a decir nunca”. También comparó aquella decisión con su paso de Ferrari a Lotus en la Fórmula 1: había tenido “la sensación de ir a un lugar equivocado”.

Esta semana en el aire de Radio2, veinticuatro años después, Miguel Ángel Toma, exsecretario de Inteligencia durante el gobierno de Duhalde, aportó en una entrevista una explicación hasta ahora poco conocida. Según Toma, alrededor de la candidatura de Reutemann hubo “una clara operación de inteligencia”.

Toma señala a Víctor Manuel Rocha, un diplomático estadounidense que había ocupado cargos importantes dentro del Departamento de Estado y que entre 1997 y 1999 había sido número dos de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires. Después fue embajador norteamericano en Bolivia. Décadas más tarde se descubriría que, mientras desarrollaba esa carrera, trabajaba clandestinamente para los servicios de inteligencia de Cuba.

En 2024 Rocha se declaró culpable ante la Justicia estadounidense de haber actuado secretamente durante décadas como agente del gobierno cubano. Fue condenado a 15 años de prisión. Admitió que había colaborado con Cuba desde 1973 y que buscó posiciones dentro del gobierno estadounidense que le permitieran acceder a información reservada e influir sobre la política exterior.

– ¿Cuáles fueron esas operaciones? 

–En una charla entre Reutemann y Rocha, con el nivel de representación que puede tener un embajador de Estados Unidos, diciéndole que “cómo iba a aceptar ser presidente o candidato a presidente cuando el ofrecimiento llegó de un personaje como Eduardo Duhalde que era el que manejaba la droga en la Argentina, cosa absolutamente falsa, por cierto. Esto, obviamente, impactó muy fuerte en la persona de Reutemann.

–¿Y la segunda? 

–Al mismo tiempo, Rocha habla con el presidente Duhalde (siempre siendo embajador de EEUU) y le dice, qué pena que Reutemann, que era un hombre tan importante le haya dicho que no va a aceptar la candidatura, qué importante que hubiera sido, pero, ¿sabe qué pasa, presidente? Mire, para Estados Unidos se vería muy bien que un hombre como Néstor Kirchner un gobernador importante, que ha manejado muy bien su provincia pueda ser candidato.

–El hombre influyó siendo embajador en Reutemann y también en Duhalde. Manipuló a ambos Claro. Esta operación fue clara. Obviamente, Duhalde elige, entre otras razones, también a Néstor Kirchner, esa es otra discusión. Pero fíjese cómo operaba este señor. Esta es una operación de espionaje muy clara. Y no solo eso. Rocha también influyó para que en Bolivia gane Evo Morales las elecciones. Todo su accionar relacionado a ser un espía metido dentro del departamento de estado norteamericano. Hoy está preso, pero influyó en aquel tiempo en ambos países.

Entre el escalofrío y el delirio. Los sótanos del poder pueden recurrir a todo. Lo cierto es que Rocha hoy detenido por espionaje político deambulaba con prestigio e influencia los pasillos de la política de aquel tiempo. La hipótesis de Toma avanza sobre los dos extremos de la decisión: sobre Reutemann, introduciendo sospechas acerca de Duhalde; y sobre Duhalde, instalando otra alternativa para la sucesión presidencial.

–¿Reutemann vio además ese fuerte tironeo de la política regional con espías infiltrados y operaciones de inteligencia?

–Bueno probablemente entre otras cosas haya visto esto. Y le estoy contando un ejemplo muy claro de lo que es una acción de inteligencia encubierta hecha por un topo que operaba dentro, nada más ni nada menos que en el Departamento de Estado de Estados Unidos y que se tardó casi 20 años en Estados Unidos a través del FBI, que lo investigó descubrir que este señor era un agente encubierto del enemigo. Se lo puse de ejemplo porque he respetado y querido muchísimo a Lole, un gran santafesino, gran persona y político.

Reutemann nunca terminó de explicar públicamente qué había detrás de aquella frase. En julio de 2002 negó presiones del menemismo y, cuando le preguntaron si Duhalde había querido utilizarlo políticamente, respondió: “No lo puedo aseverar”. Sí reconoció que su situación estaba atravesada por la disputa entre Menem y Duhalde: “Algo de eso hay”, repitió con Lanata. Lo que esta semana cuenta Miguel Angel Toma es novedoso e impactante. En medio de una Argentina en crisis, mientras se discutía quién sería el próximo presidente, un hombre que ocupaba altos cargos diplomáticos de Estados Unidos trabajaba en secreto para la inteligencia cubana. Que además Manuel Rocha haya intervenido en la frustrada candidatura presidencial de Carlos Reutemann es la versión que Toma incorpora a una historia que, desde aquel 2002, quedó resumida en seis palabras: “Vi algo que no me gustó”.