La punta del iceberg del éxito de Capibaras XV es la postal de un equipo de rugby que juega bien, gana, recibe elogios y, además, llena las canchas del Litoral cuando se presenta de local. Sin embargo, debajo de esa imagen hay mucho trabajo y una gran cantidad de personas involucradas. Detrás de todo logro siempre hay una explicación; en este caso, una de las principales es que Capibaras XV logró transformar el miedo escénico en su principal combustible para afrontar su temporada debut en el Súper Rugby Américas, el torneo profesional más importante del continente.
Hoy, todo el Litoral disfruta de un equipo que atraviesa un presente inolvidable. Pero comenzar un proyecto desde cero nunca es fácil, y menos en una competencia internacional y profesional. Para salir airoso se necesitan múltiples factores: cultura de trabajo, esfuerzo grupal y la unión de todos para empujar por un bien colectivo, entre otros. Como en todo éxito también entran en juego otras aristas, analizamos la parte psicológica junto a Andrés Dal Lago (psicólogo cognitivo orientado al desarrollo del alto rendimiento deportivo y empresarial), así como los aspectos organizativos y de juego, para comprender cómo la franquicia hizo que la “Capibaramanía” sea una realidad.
En su primer año en el certamen organizado por Sudamérica Rugby, la franquicia del Litoral demostró ser un equipo sumamente competitivo, tanto dentro como fuera de la cancha, una tarea que no era nada sencilla. En la previa existían muchas dudas, cabos por atar e interrogantes sobre lo que podía suceder. Sin embargo, como no todo se reduce a lo estrictamente deportivo, el principal y más importante triunfo de Capibaras se dio fuera del rectángulo de juego: se erigió, junto a Tarucas, como uno de los equipos que más público convoca. La verdadera victoria con punto bonus es que toda la Región Litoral ya siente al equipo como propio.
Teniendo en cuenta que aún falta para terminar la temporada, conocer y analizar los "porqué" de este fenómeno resulta clave. Más allá del resultado final —donde todos esperan que el equipo llegue lo más lejos posible—, la franquicia ya logró triunfos fundamentales: unió aún más a la región, convirtió su camiseta en un emblema del que todos quieren ser parte y logró que el público aliente como si fuera su propio club. A esto se le suma el mérito de haber demostrado estar a la altura del torneo, compitiendo de igual a igual ante los mejores equipos del continente, los cuales le llevan años de desarrollo.
En la previa, varios protagonistas hablaban del miedo, un sentimiento muy común tanto en la vida como en el deporte. “El miedo es el motor del rendimiento, y la clave es entender que el miedo nos pide control. Cuando tengo miedo, tomo control de la situación. Frente a este escenario, en primer lugar se potencia el estado físico del deportista: tiene más energía y está más concentrado; obtenemos una mejor versión de nosotros mismos. El jugador tiene que tomar control de lo que debe hacer en la cancha: entrenar mejor, sentir que durmió bien, que comió bien y que hizo todo lo necesario para rendir de manera correcta”, explicó Dal Lago.
Que hoy Capibaras XV ocupe un lugar de privilegio en el Súper Rugby Américas no es obra del azar. Detrás hay una planificación minuciosa. Para empezar, la elección de Nicolás Galatro como head coach fue el primer gran acierto. El forward formado en Olivos y con un paso muy importante por Duendes, ya sabía lo que era comenzar franquicias desde cero: lo hizo con Cafeteros de Colombia en 2022 (llegando a semifinales) y en 2023 con Dogos XV de Córdoba (alcanzando tres finales consecutivas y logrando el título en 2024). Su contratación significó reducir –en un gran número- el margen de error esperable en un año de debut.
“El liderazgo es clave en estos momentos, tanto dentro de la cancha con los capitanes y referentes, como afuera con todo el staff, porque liderar es influir. Los líderes son quienes transmiten confianza dentro y fuera del campo. Nos muestran que estamos preparados para la situación que vamos a enfrentar, que durante la semana se entrenaron las distintas jugadas y las circunstancias del juego, tanto en ataque como en defensa. Así, al llegar el partido, conviven el miedo y la confianza. Ese equilibrio entre el desafío que enfrentamos y la certeza de estar preparados genera la mejor versión de las personas”, añadió Dal Lago respecto al rol del staff y los capitanes.
Asimismo, el psicólogo deportivo remarcó: “La clave de los líderes es poder transmitir esa combinación: el miedo para que nadie se relaje ni regale nada en el partido, pero también el nivel de confianza necesario para saber que todos los desafíos ya los tenemos entrenados, bajo control y estamos listos para hacerles frente”.
Galatro, además de ser un gran entrenador, cuenta con la ventaja de ser el Director de la Academia del Litoral, lo que le otorga un conocimiento profundo de todos los jugadores de la región desde sus etapas juveniles. Posee capacidades que lo ubican entre los mejores de su rubro en el rugby argentino: es un excelente armador de grupos, realiza un gran scouting de jugadores y colaboradores, y mantiene una búsqueda constante de la excelencia donde la exigencia no se negocia.
Gracias a todo esto, en Capibaras se consolidó un gran grupo humano. A ninguno de los jugadores —inclusive a los que provienen de afuera de la región— les da lo mismo ganar o perder; todos sienten la camiseta como si fuese la de su propio club, y ese sentido de pertenencia se trasladó de forma directa al público.
“A nivel grupal, cuando un equipo gestiona bien el miedo, siente que domina las situaciones del juego. Esto no significa tener siempre la pelota, sino decidir mayormente qué es lo que se quiere que pase. Por ejemplo, puedo querer darle la pelota al rival pero cerrarle los espacios, manteniendo así el control. Otras veces se controlan las formaciones o las fases clave, como el scrum, el ataque o la defensa. Cuando esto se logra a nivel grupal, no existen acciones individuales desconectadas, ya que la desconexión es un síntoma de que el miedo está actuando de manera negativa”, analizó Andrés Dal Lago.
Para graficarlo, el especialista agregó una analogía: “Es como en un teatro en medio de un incendio: si el miedo es negativo, las personas corren para cualquier lado, no hay capacidad de pensar en un plan y se busca la salvación individual. En cambio, cuando un equipo enfrenta la adversidad con miedo pero se potencia, se mantiene unido y atado a una identidad de juego alineada, significa que está gestionando el miedo de manera excelente”.
En este engranaje es imposible no mencionar a Carlos Fertonani, actual CEO de Rugby Litoral, la empresa que gestiona a Capibaras. Su rol desde la parte privada ha sido esencial para que el proyecto tenga vida. El empresario santafesino apostó fuerte, conociendo las reglas del juego y sabiendo que no se trataba de comprar un billete de lotería ganador. Con toda su experiencia, sumó voluntades y trabaja día a día para consolidar a la franquicia como parte integral de la región. La relación entre el Torneo Regional del Litoral (TRL) y Capibaras funciona como un bucle de retroalimentación donde el crecimiento y el éxito es de todos y para todos.
Aquel miedo inicial a no ser competitivos o a no saber qué sucedería en el debut hizo que todos, desde el primero hasta el último integrante, redoblaran sus esfuerzos. El correcto ensamble de cada una de las piezas provocó este presente idílico. Las casi tres décadas de historia del Torneo del Litoral y todo el trabajo realizado desde sus inicios en el año 2000 hoy rinden sus frutos: la región se consolida con fuerza junto a Capibaras XV, y eso que recién se están dando los primeros pasos.



