Planificar una misión espacial es caro y cada gramo de combustible cuenta. Por eso, un grupo internacional de científicos se propuso encontrar la forma más eficiente de llegar a la Luna usando modelos informáticos avanzados. El resultado: una ruta “secreta” que consume menos combustible y mantiene la comunicación con la Tierra sin interrupciones.
El hallazgo se basa en la teoría de las conexiones funcionales y en el uso de la Red de Transporte Interplanetario. Los investigadores advierten que sumar la gravedad del Sol podría revelar trayectos aún más baratos.
El estudio, publicado el 10 de abril en la revista especializada Astrodynamics, utilizó la teoría de las conexiones funcionales para reducir la capacidad de cálculo necesaria. Con ese método, los investigadores simularon 30 millones de trayectorias distintas entre la Tierra y la Luna. De ese total, 280.000 simulaciones fueron citadas en el trabajo final.
La clave está en la gravedad. En el sistema solar existen caminos determinados por la atracción gravitatoria de los planetas y lunas, conocidos como la Red de Transporte Interplanetario. Las naves espaciales aprovechan estas “autopistas gratuitas” para moverse sin gastar combustible. Hasta ahora, se asumía que lo más lógico era entrar a la órbita lunar por la rama de la variante más cercana a la Tierra.
Pero el equipo descubrió que conviene hacer lo contrario: ingresar a esa variante desde el lado opuesto. "En lugar de asumir que es más fácil elegir la parte de la variable más cercana a la Tierra, podemos usar análisis sistemáticos con métodos más rápidos para encontrar soluciones no triviales", explicó Vitor Martins de Oliveira, coautor del estudio e investigador postdoctoral de la Universidad de São Paulo, Brasil.
Según los cálculos, esta ruta oculta requiere 58,80 metros por segundo menos de combustible que la trayectoria más económica que se conocía. Parece poco, pero en vuelos espaciales cualquier mejora de eficiencia representa millones de dólares ahorrados y más carga útil disponible.
Hay otro beneficio: no se pierde la señal con la Tierra. “La misión Artemis 2, por ejemplo, perdió la comunicación durante un tiempo porque quedó justo detrás de la Luna”, recordó Oliveira. “La órbita que proponemos mantiene una comunicación ininterrumpida”.
Los autores aclararon que no es la solución definitiva. El modelo solo consideró la gravedad de la Tierra y la Luna. Incluir variables como la gravedad del Sol podría abrir caminos todavía más rentables. “El análisis sistemático que aplicamos en nuestro trabajo es algo que podría adoptarse de forma más generalizada en el futuro”, señaló Allan Kardec de Almeida Júnior, autor principal del estudio e investigador de la Universidad de Coimbra, Portugal.
Si se confirma en misiones reales, esta ruta podría abaratar los viajes lunares y facilitar el regreso sostenido a nuestro satélite.



