Una combinación de tonos verdes, amarillos, rosados y violetas sobre el cielo celeste llamó la atención de los rosarinos este martes. Las imágenes del fenómeno despertaron curiosidad por su parecido con un arcoíris, aunque su apariencia y su origen no son necesariamente los mismos.

Se trata de un “arcoíris de fuego”, un fenómeno óptico atmosférico poco frecuente, conocido científicamente como arco circunhorizontal que aparece cuando la luz solar atraviesa cristales de hielo presentes en nubes altas, generalmente del tipo cirrus. Se pudo ver desde distintos puntos de la ciudad. 

Para que se produzca, el Sol debe encontrarse muy elevado sobre el horizonte —por encima de unos 58 grados— y los cristales de hielo deben tener una orientación adecuada para descomponer la luz en diferentes colores.

A diferencia de un arcoíris tradicional, no necesariamente tiene que llover. 

(Foto: Alan Monzón/Rosario3)
(Foto: Alan Monzón/Rosario3)

Se manifiesta como una franja horizontal de colores intensos. Su aparición depende de una combinación específica de condiciones atmosféricas y de la posición del Sol.

En las nubes iridiscentes, en cambio, los colores se producen principalmente por la difracción y la interferencia de la luz al interactuar con pequeñas gotas de agua o cristales de hielo. Este proceso puede generar manchas o franjas de colores verdes, rosas, azules y violetas sobre una nube, sin formar necesariamente un arco definido.

¿En qué se diferencia del arcoíris tradicional?


Aunque los tres fenómenos pueden presentar colores similares, sus mecanismos de formación y su aspecto permiten distinguirlos.

  • Arcoíris tradicional: se forma cuando la luz solar interactúa con gotas de agua suspendidas en la atmósfera, generalmente durante o después de una lluvia. Suele presentar un arco bien definido y colores ordenados.
  • Arcoíris de fuego: aparece por la refracción de la luz en cristales de hielo de nubes altas. Tiene una forma predominantemente horizontal y requiere que el Sol esté muy elevado.
  • Nube iridiscente: muestra colores irregulares o franjas de tonos mezclados directamente sobre una nube. Se genera por la interacción de la luz con pequeñas partículas y no requiere las mismas condiciones que el arco circunhorizontal. 
(Foto: Alan Monzón/Rosario3) 
(Foto: Alan Monzón/Rosario3) 

Por eso, aunque muchas veces se utiliza la expresión “arcoíris de fuego” para describir cualquier nube con colores llamativos, no todos estos fenómenos corresponden al mismo proceso físico. La aparición de colores en las nubes es un fenómeno óptico natural y, por sí sola, no representa un peligro. Tampoco permite anticipar necesariamente lluvias, tormentas u otros cambios meteorológicos.

Su observación depende de factores como la composición de las nubes, el tamaño y la orientación de sus partículas y la posición del Sol. Cuando esas condiciones coinciden, pueden producirse imágenes llamativas que duran poco tiempo y que no siempre vuelven a observarse desde el mismo lugar.

(Foto: Alan Monzón/Rosario3) 
(Foto: Alan Monzón/Rosario3)