La pronunciada crecida que experimenta el río Paraná en los últimos días trajo consigo una masiva invasión de camalotes hacia las costas de Rosario y la provincia de Santa Fe. Esta acumulación de vegetación acuática no solo generó complicaciones para la empresa Aguas Santafesinas, que tuvo que restringir el servicio de agua potable para limpiar los filtros de sus tomas, sino que también afecta severamente la actividad de los pescadores que salen en sus embarcaciones como a los aficionados a esa actividad que se acercan a la ribera.
"Está viniendo cualquier cantidad de camalotes, se ve que está creciendo mucho el río", relató un prescador entrevistado por el programa Cada día, de El Tres. La corriente y el viento arrastran interminables islas verdes que imposibilitan arrojar las líneas al agua sin que queden atrapadas entre las ramas y hojas.
"La gente que viene a pescar acá engancha reiteradas veces y saca mucho yuyo", comentó un aficionado. Ante este escenario de constante flujo de plantas, otro pescador que miraba la costa bromeó sobre los nulos resultados de la jornada: "Va a haber que comprar más ensalada que para comer".
Más allá de la frustración deportiva o laboral, la llegada masiva de estos camalotes acarrea otro tipo de riesgos para quienes circulan o trabajan por la vera del río Paraná. "Es peligroso también, porque los camalotes vienen andan las víboras", advirtió uno de los consultados, que aseguró haber visto ejemplares venenosos cerca de la orilla durante una reciente visita a Puerto General San Martín.
El fenómeno natural también impactó de lleno en la infraestructura de servicios públicos. Durante el fin de semana pasado y el comienzo del lunes, varias zonas de Rosario padecieron baja presión o directamente cortes totales en el servicio de agua potable. El motivo central fue la obstrucción de la toma de la planta potabilizadora ubicada en el barrio Arroyito, al norte de la ciudad.
Ante esta situación extraordinaria, Aguas Santafesinas debió desplegar un operativo de urgencia que involucró a unas 15 personas, entre buzos, operarios y conductores de maquinarias pesadas y embarcaciones. "Es tanta la cantidad de camalotes que los empleados caminan arriba de los camalotes", expresaron voceros de la empresa, remarcando que, si bien han visto el fenómeno antes, es la primera vez que lo observan con semejante consistencia.



