No es una proyección a futuro ni una simulación por computadora: es la radiografía de lo que ya ocurrió en el planeta a lo largo de los últimos 50 años. Entre la década de 1970 y 2023, Groenlandia y la Antártida perdieron 12,5 billones de toneladas de hielo, provocando un aumento de tres centímetros en el nivel del mar que hoy expone a entre seis y nueve millones de personas a inundaciones devastadoras y a la erosión de sus costas. La conclusión surge del registro satelital más completo jamás construido —liderado por la Nasa y la Agencia Espacial Europea (ESA)—, cuyo hallazgo más inquietante revela que el fenómeno se está acelerando a un ritmo brutal, impulsado principalmente por glaciares que se desplazan cada vez más rápido hacia el océano.

El trabajo, conocido como Ejercicio de Intercomparación del Balance de Masa de la Capa de Hielo (Imbie), reúne datos de 42 estudios y 27 misiones satelitales, con cobertura de Groenlandia desde 1972 y de la Antártida desde 1979. Fue financiado por la Nasa y la Agencia Espacial Europea y publicado en la revista especializada Scientific Data.

"Al remontarnos a la década de 1970, ahora podemos ver cómo han cambiado las capas de hielo a lo largo de medio siglo", dijo en un comunicado Inès Otosaka, de la Universidad de Northumbria, directora del estudio. De las 12,5 billones de toneladas — 11,3 billones de toneladas métricas — la mayor parte proviene de Groenlandia.

     

Tres centímetros que lo cambian todo

El registro no solo midió el hielo perdido. Tradujo esa pérdida en su consecuencia más directa: el nivel del mar subió más de 3 centímetros solo por el deshielo polar en este período.

Parece poco, hasta que se pone en escala humana. "Tres centímetros de aumento del nivel del mar pueden parecer poco, pero eso pone en riesgo a entre seis y nueve millones de personas más, exponiéndolas a inundaciones costeras y erosión. Dado que se prevé que las capas de hielo pierdan mucho más hielo en las próximas décadas, las evaluaciones globales como IMBIE son vitales para proteger a las comunidades afectadas por el cambio climático", declaró Andrew Shephard, coautor, director de la Facultad de Geografía y Ciencias Naturales de Northumbria y fundador de IMBIE.

El dato que sorprendió a los científicos

El equipo descubrió que el hielo no se está derritiendo simplemente como un cubito al sol. El 84% de la pérdida se debe a que los glaciares fluyen cada vez más rápido hacia el océano, y solo el 16% al derretimiento directo en superficie. "Más de cuatro quintas partes del hielo perdido fueron vertidas al océano por glaciares de flujo más rápido, en lugar de derretirse en la superficie, lo que nos indica que la tendencia a largo plazo está impulsada por la respuesta dinámica de las capas de hielo al calentamiento del océano", explicó Otosaka.

El culpable, concluyen, es el calentamiento global impulsado por actividades humanas. Y la aceleración es brutal: Groenlandia de 66 mil millones de toneladas por año en los 80 a 291 mil millones por año en la década de 2010, mientras que la Antártida de 53 mil millones de toneladas por año en los 80 a 222 mil millones por año en la década de 2010. A partir de los 90, la curva se empinó y nunca más bajó.

     

Mirando hacia adelante

Este récord llega en un momento crítico. Naciones Unidas advirtió hace semanas que estamos a punto de superar el umbral de 1,5°C por encima de los niveles preindustriales, el límite que casi 200 países se comprometieron a no cruzar en el Acuerdo de París de 2015.

Para los autores, el valor de IMBIE no es solo histórico, es predictivo. "La mayor duración del registro, el mayor número de equipos participantes y nuestra mejor capacidad para evaluar las incertidumbres hacen de esta la evaluación más sólida del balance de masa de la capa de hielo realizada hasta la fecha. Los satélites nos proporcionan evidencia a nivel continental, año tras año, de lo que está sucediendo ahora, y eso es precisamente lo que necesitamos para probar los modelos y reducir las incertidumbres en las proyecciones del futuro aumento del nivel del mar", afirmó Tyler Sutterly, codirector del estudio y profesor de la Universidad de Washington.

"Estos hallazgos demuestran la importancia fundamental de utilizar satélites para monitorear las capas de hielo y evaluar los modelos utilizados para predecir los efectos del cambio climático. Mantener misiones como CryoSat-2 y los satélites Sentinel, así como el registro a largo plazo de datos climáticos de las capas de hielo, es fundamental para las próximas décadas", agregó Diego Fernández, científico de la ESA.

12,5 billones de toneladas ya no están. 3 centímetros ya subieron. Y lo que muestra el satélite es que el ritmo no hace más que acelerarse.