Suena a guión de película catástrofe, pero fue ciencia pura: investigadores de la ETH Zúrich inyectaron 750.000 litros de agua en una falla geológica bajo los Alpes suizos y desataron 8.000 microsismos controlados. El objetivo no es causar daño, sino aprender a prevenirlo.
El experimento se llama FEAR-2, por “Activación de Fallas y Ruptura Sísmica”, y se realizó a fines de abril en el BedrettoLab, un laboratorio subterráneo excavado a 2,2 km dentro del túnel de Bedretto. Allí, el equipo construyó un túnel secundario de 120 metros que llega directo a la falla que querían estudiar.
Durante 50 horas, entre el 22 de abril y los días siguientes, bombearon agua a alta presión por dos pozos hasta la zona de falla. Una red densa de sensores registró temperatura, deformación y actividad sísmica en tiempo real. El monitoreo se hizo en remoto desde Zúrich: no había personal en el túnel durante las inyecciones por seguridad.
Aunque hubo un apagón inesperado, el ensayo siguió adelante. El resultado: 8.000 temblores. “Si bien se produjeron algunos eventos sísmicos en la zona de falla objetivo, un gran número de eventos tuvo lugar en estructuras geológicas vecinas activadas por la inyección de fluidos”, detallaron los investigadores.
¿Hubo riesgo?
Ninguno de los sismos fue perceptible en superficie. La aceleración máxima registrada fue de 0,0000172 g en la entrada del túnel de base de Furka. Para comparar: eso es 700 veces menor que lo que se necesita para sentir un temblor y 7.000 veces menor que el umbral de daño. “La sacudida del suelo producida fuera del túnel fue entre 5.000 y 6.000 veces inferior al valor de aceleración del suelo de diseño según las normas suizas”, indicó el equipo.
El experimento se detuvo cuando empezaron a detectar más eventos fuera de la red principal de sensores, lo que complicaba el análisis científico. Todo el protocolo pasó por una evaluación de seguridad y riesgos con varias capas de protección antes de arrancar.
Por qué provocar terremotos
“La falta de comprensión del proceso de generación de terremotos es un obstáculo importante”, explicó el sitio del proyecto. Predecir con precisión dónde y cuándo ocurrirá un gran sismo sigue siendo imposible. Además, entender cómo se disparan las fallas es clave para la energía geotérmica profunda: una fuente casi inagotable, pero que requiere inyectar fluidos en roca caliente de baja permeabilidad sin desatar sismos peligrosos.
“Si logramos dominar la forma de producir terremotos de cierta magnitud, entonces sabremos cómo no producirlos”, resumió el profesor Domenico Giardini, uno de los líderes del proyecto. En declaraciones a la AFP, añadió: “Es perfecto, porque tenemos un kilómetro y medio de montaña encima… y podemos observar muy de cerca las fallas, cómo se mueven, cuándo se mueven, e incluso podemos hacer que se muevan nosotros mismo””.
Qué sigue
Los datos de los 8.000 eventos ahora se analizarán para mapear cómo se propaga la ruptura y qué condiciones la detienen. Si el método demuestra ser seguro y repetible, podría abrir la puerta a dos objetivos: mejorar los sistemas de alerta sísmica y hacer viable la geotermia profunda sin riesgos para las comunidades cercanas.
Por ahora, los Alpes temblaron 8.000 veces y nadie se enteró. La idea es que, gracias a eso, en el futuro los terremotos reales nos sorprendan menos.



