Una lancha atraviesa el Paraná. La cámara registra la escena desde arriba y la estela blanca de la espuma divide el lienzo marrón en dos. La toma es simétrica y paciente: espera que la embarcación se vaya de plano y quedan los ecos del oleaje. Así empieza el documental "Argentina sangra por las barrancas del río Paraná" y anticipa una doble apuesta.
Primero, una estética cuidada como sostén de una película política o de denuncia; búsqueda central del director Andrés Cedrón. Segundo, desliza una lectura posible: el encuadre nos sugiere que a un modelo económico (extractivista y que concentra la riqueza) se le puede contraponer otro distinto. Ese debate atraviesa al país desde su nacimiento y, aunque algunos lo resumen en la forma de una grieta partidaria, tiene raíces y disputas profundas.
El control del Paraná, su navegación y el comercio de sus puertos –que representa buena parte de la riqueza que se exporta al mundo– es un eje central de esa larga historia. No es casual que, antes de ese plano inicial de la lancha, el audiovisual de una hora y media cita a Manuel Belgrano: "Toda Nación que deja hacer por otras una navegación que podría emprender por ella misma, disminuye sus fuerzas reales y relativas en favor de sus rivales".
"Argentina sangra por las barrancas del río Paraná" se estrenó esta semana en Rosario. Se basa en el libro de Luciano Orellano, del mismo nombre. Es también una continuidad del trabajo anterior de Cedrón, “Cuellos blancos, el caso Vicentin” (2024), y profundiza el análisis del modelo agroexportador vigente. Traduce en imágenes, con música del Cuarteto Cedrón (el director es el sobrino de Juan Tata Cedrón), conceptos duros como la concentración del comercio exterior en pocas manos, la extranjerización de puertos, la privatización y concesión de la hidrovía y, como contracara, el aumento de la pobreza y la desigualdad.
La obra abre varios frentes. ¿Cómo es que las agroexportadoras triangulan sus ventas a sucursales en otros países para evadir? ¿Quién controla lo que pasa dentro de los complejos portuarios? ¿Se puede cambiar la ubicación de una batalla histórica por un puerto privado? ¿Por qué en un país como Estados Unidos una empresa estatal controla y gestiona el río y acá solo se insiste en la privatización como única salida?
La película ofrece algunas alternativas y es, también, una pieza audiovisual bella que resume un año y medio de trabajo. Cedrón dijo a Rosario3 que se propone que “el contenido, la narrativa, la investigación y el guion tengan el mismo peso que la realización en su totalidad; siempre hay un prejuicio en torno al documental político que intentamos desandar y ponemos bastante hincapié en que sea atractivo”.
En la entrevista que sigue, el director también habló de las dificultades de filmar sobre el agua, la decisión estratégica de la fecha de estreno y la comparación del Paraná con el Misisipi: “Todavía existe la necesidad de una segunda independencia”.
–¿Cómo surgió la idea de hacer una película de un tema tan denso para el registro audiovisual?
–La idea de realizar este documental parte de dos lugares. Uno, de la extensa investigación que desarrollamos para el documental anterior, “Cuellos Blancos, el caso Vicentin”, donde se abrieron muchísimas aristas y era imposible abarcar todo. Quedaron materiales y temas para explayarse en uno nuevo. En esas proyecciones, conocí al trabajo que viene haciendo el Foro por la Soberanía del Paraná y a Luciano Orellano, que me regaló su libro. A partir de esos dos pilares se fue construyendo este documental.
–Es un rodaje anfibio y en varios lugares (ciudades, puertos, río). ¿Cuánto tiempo les llevó registrar y cómo fue esa planificación?
–Para la planificación del rodaje, que tiene muchísimo despliegue sobre el río, hubo que tomar recaudos. Realizar una buena preproducción para que esas imágenes finalmente sean tan impactantes como salieron. Todo se fue realizando también en medio de las proyecciones de “Cuellos Blancos”. Utilizamos los distintos viajes tanto para proyectar esa película como para para ir registrando “Argentina sangra por las barrancas del río Paraná”. Es difícil hablar de un tiempo concreto de realización, pero demoramos un año y medio entre rodaje y postproducción.
Desafíos y apuestas
–¿Qué fue lo más complejo de filmar en medio de esas dificultades?
–Las secuencias más difíciles de registrar fueron las que se llevaron a cabo sobre el río por el movimiento de las embarcaciones, en el caso de la estabilidad del cuadro. Y en el sonido, sobre todo, por los problemas que surgen del agua y del motor de los barcos. Así que, en cuestiones técnicas, eso fue lo más difícil pero era una de las grandes motivaciones: que la película que trata sobre el Paraná se filme lo más posible sobre el agua.
–Se nota un cuidado especial en el uso del dron, que tiene mucho protagonismo, en la música, en los encuadres, sin desatender la denuncia. ¿Hay una búsqueda concreta en este caso?
–Tuvimos un cuidado especial en la estética y en los recursos formales de este documental porque pensamos que debe tener el mismo peso el contenido, la narrativa, la investigación, el guion, como la realización en su totalidad. Siempre hay un prejuicio en torno al documental político que intentamos desandar, que no se le presta atención a estas a estas cuestiones, y ponemos bastante hincapié en que sea atractivo en su imagen, en su sonido, en la música, que en este caso es del Cuarteto Cedrón y mi tío Juan Tata Cedrón.
–El documental es claro en mostrar un modelo que no funciona bien, al menos no para las mayorías porque concentra la riqueza. ¿Qué otro mensaje creés que transmite la película o que te gustaría que se lleven los espectadores?
–Nos gustaría que no solo los espectadores estén conscientes de la denuncia, de lo que sucede en torno del río, sino que la película propone soluciones en torno a estos temas. Propone una mirada soberana y estratégica sobre nuestra vía navegable, sobre el acceso al mar argentino, sobre los puertos privados y los que están concesionados en la provincia de Buenos Aires. La película trata de no ser pesimista y a través de estas propuestas de soluciones, y de observar las luchas de distintas agrupaciones y sectores políticos, permite una mirada más optimista hacia el futuro.
¿Por qué acá no?
–Entre las muchas buenas escenas, es llamativa la comparación con la gestión del río Misisipi en Estados Unidos. No solo por el uso de barcazas sino por la administración estatal. ¿Cómo explicás que acá cambian los gobiernos y solo se piensa en el modelo de privatización?
–Es muy interesante la comparación con el Misisipi porque en nuestra querida Argentina desde su nacimiento luchamos contra ciudadanos que se identifican con países extranjeros y con intereses que van en contra de los propios. Para quienes miran a Estados Unidos como referencia, no tenemos ningún problema en poner de ejemplo el manejo del Misisipi. Mirar cómo el Estado se hace cargo del dragado, pone las regulaciones y por supuesto que el comercio exterior está a cargo del gobierno central.
Creo que hay que revisar la historia para entender que todavía existe la necesidad de una segunda independencia, de profundizar los cimientos de una nación que quedó inconclusa en ciertos temas como es la soberanía de nuestro comercio exterior. Algo que estuvo desde la época de la revolución, que fue un escollo el puerto del Río de la Plata, y me parece que después de 200 años se trasladó la misma problemática a los puertos privados del Gran Rosario y a los de la provincia de Buenos Aires. Se habla de federalismo pero es un modelo agroexportador que no incluye, que a pesar de que crecen las exportaciones en la Argentina se siguen generando más pobreza, más desigualdad y, por sobre todas las cosas, más injusticias.
–El estreno coincide con el proceso de licitación del río o "hidrovía". Me imagino que eso no es casual.
–La película tiene por objetivos salir al mismo momento en que se está tratando la licitación del dragado. Cumplimos, estrenamos ahora en marzo y la vamos a proyectar en distintos lugares, no solo de Santa Fe, sino de Argentina. La idea es continuar con la propuesta del caso Vicentin, con cine debate. Seguramente estará a disposición en Youtube y otras plataformas. Pero en estos meses de marzo, abril y mayo lo que deseamos es, no solo esté en salas comerciales de cine, sino que las universidades, los centros culturales, las agrupaciones y partidos políticos la puedan proyectar y debatir. Sumar un granito de arena para pensar en una Argentina más justa, soberana e independiente.
Próximas proyecciones
- Santa Fe, el 30 de marzo a las 20.
Cine América, calle 25 de Mayo 3075, Ciudad de Santa Fe.
- Reconquista, el 31 de marzo a las 21.
Cine Teatro Español, calle Habegger 565, Reconquista, Provincia de Santa Fe.
- Rosario el 09, 11 y 17/04, a las 20.30. Cine El Cairo
Santa Fe 1120, Rosario, Santa Fe
Trailer y ficha técnica
Duración: 91 minutos
Formato: Documental
País: Argentina
Dirección: Andrés Cedrón
Producción: Andrés Cedrón – La Fragua Producciones



