El escenario climático para los próximos meses acaba de subir varios escalones de intensidad. El último informe ENSO del Instituto de Investigación para el Clima y la Sociedad de la Universidad de Columbia muestra una señal que los propios especialistas califican como “inusualmente fuerte” para un evento de intensidad excepcional.
Y hay un dato que resume la magnitud de la advertencia: 25 de los 26 modelos analizados ubican al Niño 3.4 en la categoría de “muy fuerte” entre octubre y diciembre, mientras que 15 modelos proyectan anomalías de temperatura superficial del mar de +3 °C o más. Ese nivel incluso supera la categoría máxima contemplada actualmente por la clasificación utilizada por el organismo.
El Pacífico acelera y El Niño gana fuerza
El fenómeno no aparece solamente en los pronósticos. Los indicadores observados muestran que El Niño 2026 ya se está fortaleciendo.
La temperatura superficial del área Niño 3.4 registró una anomalía media de +1,51 °C entre mayo y julio, mientras que en julio alcanzó +2,03 °C. Más recientemente, el índice semanal correspondiente al 12 de agosto llegó a +2,7 °C.
Para Columbia, la combinación de estos datos indica que el fenómeno está evolucionando hacia un evento de intensidad muy elevada.
Pero hay algo todavía más relevante: el océano tiene combustible almacenado debajo de la superficie.
El informe detectó un importante reservorio de calor anómalo entre aproximadamente 50 y 150 metros de profundidad en el Pacífico ecuatorial centro-oriental. En algunas zonas, las temperaturas superan los valores climatológicos en más de 8 °C.
Ese calor subsuperficial puede alimentar un nuevo incremento de las temperaturas superficiales y favorecer una mayor intensificación del fenómeno.
La cifra que sacude al pronóstico
Si hay un período que concentra las mayores señales de alerta, es octubre-noviembre-diciembre.
La mayoría de los modelos ubica al fenómeno en niveles muy fuertes y 15 de ellos proyectan un Niño 3.4 de +3 °C o más.
Es un escenario que queda por fuera de la escala máxima utilizada actualmente para clasificar la intensidad del fenómeno. Por eso, el propio informe describe la señal como excepcional.
No se trata, entonces, solamente de que haya una alta probabilidad de El Niño. La discusión pasa ahora por cuán extraordinariamente intenso puede llegar a ser.
La atmósfera también se alineó
El calentamiento del Pacífico está acompañado por señales atmosféricas compatibles con el fortalecimiento del fenómeno.
El Índice de Oscilación del Sur (IOS) alcanzó -29,1 en julio, mientras que el promedio de 30 días hasta el 17 de agosto se ubicó en -18,6. Según Columbia, estos valores persistentemente negativos son consistentes con un debilitamiento de la circulación de Walker y con la evolución de El Niño.
También se observaron anomalías de los vientos y cambios en la convección y las precipitaciones sobre distintas regiones del Pacífico, señales que refuerzan la evidencia de un acoplamiento cada vez mayor entre océano y atmósfera.
¿Qué significa para Argentina?
Para el campo argentino, la noticia no debería leerse simplemente como “más lluvias”. El impacto concreto dependerá de dónde, cuándo y cuánto llueva, además de la distribución temporal de las precipitaciones y de otros factores atmosféricos regionales.
Un Niño excepcional puede modificar significativamente el escenario productivo y generar oportunidades en algunas regiones, pero también aumentar los riesgos de excesos hídricos, anegamientos, dificultades para la cosecha y problemas logísticos.
Por eso, el dato central que emerge ahora es otro: el escenario climático dejó de ser solamente una posibilidad y comienza a configurarse como un factor que puede condicionar de manera importante la campaña agrícola.
Un fenómeno que podría extenderse hasta 2027
La señal tampoco parece ser de corta duración. Aunque los modelos muestran un debilitamiento hacia comienzos de 2027, el informe proyecta condiciones de El Niño entre fuertes y moderadas durante marzo y abril.
En consecuencia, Columbia sostiene que el pronóstico de mediados de agosto apunta a un El Niño sostenido y excepcionalmente fuerte, con pocos indicios de una transición hacia otra fase antes de la primavera de 2027.
El mensaje para el sector agropecuario es contundente: el clima vuelve a ocupar el centro de la escena y esta vez los modelos están dibujando un escenario que, por su intensidad proyectada, queda fuera de los parámetros habituales.

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