Científicos descubrieron en Brasil un extenso campo de vidrio natural, conocido como tectita, que se originó hace unos 6,3 millones de años a raíz del impacto de un meteorito. Este hallazgo, publicado en diciembre de 2025 en la revista Geology, es de gran relevancia ya que solo se conocen unos pocos campos de tectitas en todo el mundo.
Las tectitas son vidrios naturales que se forman cuando meteoritos, cometas o asteroides chocan contra la superficie terrestre, fundiendo rocas a temperaturas extremadamente altas. Los investigadores, liderados por Álvaro Penteado Crósta, geólogo de la Universidad Estatal de Campinas, inicialmente recolectaron cerca de 500 especímenes de estas tectitas, que han sido bautizadas como "geraisitas" en honor al estado de Minas Gerais, Brasil, donde fueron encontradas, según publicó el sitio especializado Space.com.
La datación radiactiva de isótopos de argón sugiere que el impacto ocurrió al final del Mioceno, una época geológica que coincide con los primeros rastros de la especie humana. Las tectitas son particularmente raras porque su formación requiere la combinación de factores específicos: la composición adecuada de rocas terrestres (ricas en cuarzo) y un meteorito de gran tamaño, capaz de generar la energía necesaria para la fusión. El material supercaliente es eyectado a grandes distancias y se enfría rápidamente al regresar a la Tierra, formando estos vidrios.
A 6.3-million-year-old asteroid/comet impact in Brazil produced over 600 geraisites, the planet’s 7th known tektite strewn field, formed from ancient continental crust and scattered across 900 km. No crater yet identified, but chemistry, isotopes, and dating confirm the event.… pic.twitter.com/3U68ufMWNM— Nirmata (@En_formare) February 21, 2026
Las "geraisitas", que pesan entre 1 y 86 gramos, presentan formas variadas, desde esféricas hasta de gota. A simple vista son negras y opacas, pero bajo luz intensa revelan un tono gris verdoso translúcido. Sus superficies están marcadas por cavidades, burbujas residuales del momento en que el material fundido fue lanzado a través de la atmósfera.
Inicialmente localizadas en el norte de Minas Gerais, el área de dispersión de las geraisitas creció exponencialmente desde la publicación del estudio, alcanzando ahora una longitud de 900 km y extendiéndose a los estados de Bahía y Piauí. Este vasto campo es coherente con lo observado en otros campos de tectitas globales, cuyo tamaño está directamente relacionado con la energía del impacto.
La composición de las geraisitas incluye sílice (entre 70% y 74%) y altas concentraciones de óxidos de sodio y potasio, con trazas de cromo y níquel. La clave para confirmar su origen meteórico radica en la presencia de lechatelierita, un tipo de sílice vítrea que solo se forma a temperaturas elevadísimas, y un bajo contenido de agua, característica de las tectitas.
A pesar de la magnitud del descubrimiento, los investigadores aún no localizaron el cráter de impacto, un desafío común ya que solo la mitad de los seis campos de tectitas conocidos en el mundo tienen un cráter identificado. Se especula que el cráter podría estar en el cratón de São Francisco, una de las regiones geológicas más antiguas de Sudamérica, y se requerirán más estudios, posiblemente con imágenes satelitales, para desvelar este antiguo secreto enterrado o erosionado.



