Mario Alberto Nívoli, un joven electricista oriundo de la localidad de Ucacha, es el primer identificado entre los restos de los doce desaparecidos que habían sido hallados enterrados en el centro clandestino de detención conocido como La Perla, en la zona de La Calera, a unos 20 kilómetros de esa ciudad.
La identificación se logró tras los estudios genéticos realizados por el Equipo de Antropología Forense, en el marco de una investigación que encabeza el Juzgado Número 3 de Córdoba, a cargo de Hugo Vaca Narvaja.
Si bien Nívoli había nacido en el interior de la provincia, su secuestro se concretó el 14 de febrero de 1977, cuando un grupo de tarea ingresó a su vivienda en el barrio General Paz, de la capital cordobesa, y desde entonces permanecía desaparecido. El joven, de 28 años al momento de haber sido secuestrado, estudiaba Ingeniera Química en la Universidad del Litoral y militaba políticamente en la Juventud Universitaria Peronista (JUP).
Además tiene cercanía con Rosario. Su hija, María Soledad Nívoli, había hablado conRosario3 unas semanas antes de que se reconociera la identidad de los huesos encontrados.
Desde el primer hallazgo de huesos en septiembre del 2025, los especialistas del EAAF fueron encontrando más cosas, y “ya calculan que son tantos, que entrarían en unas seis cajas", destacó en su momento a este medio.
En noviembre de 2024 se conoció la intención del gobierno nacional de vender unos 300 terrenos nacionales a privados, entre los que estaba La Perla Chica. Pero rápidamente el juez federal N.º 1, Alejandro Sánchez Freytes frenó el intento.
Esta posibilidad despertó en sobrevivientes y familiares la necesidad de tener un rol activo en la causa que investiga las desapariciones en ese centro de detenciones, por lo que reclamaron constituirse querellantes.
“Me enteré de esta movida por una amiga en común con algunas activistas, muy de casualidad, y resonó fuerte en mí la idea de querellar. Es para tener el derecho como víctimas de terrorismo de Estado a ser informados de cada novedad, y tendríamos un rol activo de proponer líneas de búsqueda y aportar datos a la causa”, explicó por aquel entonces Soledad Nívoli.
Las primeras sensaciones
"Lo primero que sentí fue un llanto explosivo. Estaba saliendo de la escuela de mi hijo Emiliano, que tiene ocho años, cuando me llamó el abogado (Ramiro Fresneda). Nunca pensé que esa llamada iba a ser por esto", compartió en declaraciones radiales su hija, María Soledad Nívoli.
"Sentí alivio. Una paz que nunca había sentido. Y una certeza que apareció en mi cabeza: ya no soy más una hija de desaparecidos. Mi papá dejó de ser desaparecido. Ahora soy huérfana de padre. Mi papá está muerto", expresó la joven, quien tenía apenas cuatro meses cuando su padre desapareció.
Asimismo, sostuvo que "quiero decirles a quienes secuestraron y mataron a mi papá que ya no pueden seguir cometiendo ese crimen. Lo siguieron cometiendo durante todos estos años al mantenerlo desaparecido".
Según supo la agencia Noticias Argentinas, la Justicia Federal había confirmado el lunes pasado el hallazgo de los restos de 12 personas desaparecidas durante la última dictadura, entre 1976 y 1983, y este jueves confirmó la identidad de uno de ellos, mientras continúan los estudios con los demás.
La nota expresaba que “se pone en conocimiento de la opinión pública que, como resultado de los trabajos de análisis antropológicos forenses realizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense, en colaboración del Instituto de Medicina Forense del Poder Judicial de la Provincia de Córdoba, a raíz de las excavaciones realizadas en 2025 en el sitio denominado Loma del Torito, perteneciente a la Guarnición Militar de la Calera, ex Centro Clandestino de Detención La Perla, se ha obtenido un resultado parcial en relación a la identificación genética de doce personas”.
La Perla, que estuvo a cargo del militar Luciano Benjamín Menéndez, fue uno de los centros de detención más grandes del país, y comenzó a funcionar en 1976, poco después del golpe de Estado contra el gobierno de María Estela Martínez de Perón. Se estima que allí estuvieron retenidas unas 2.500 personas en forma clandestina, la mayoría de ellas, desaparecidas.



