Resumen Ejecutivo
- La firma IGT33 S.A., operadora de Rever Pass y Be Rebel, solicitó el concurso preventivo de acreedores tras acumular un pasivo superior a los $7.000 millones.
- La crisis refleja el complejo escenario textil nacional, donde se contabiliza la pérdida de 15.468 empleos formales y el cierre de 330 establecimientos en el último año.
- El avance de la importación directa, la caída en las ventas internas y tasas crediticias cercanas al 100% anual socavaron la rentabilidad operativa del sector.
- La empresa busca reestructurar su deuda para sostener 100 puestos de trabajo directos y reconvertir su esquema hacia un modelo híbrido comercial e industrial.
El temblor en el entramado textil nacional sumó un nuevo capítulo emblemático. La firma IGT33 S.A., titular de las reconocidas marcas de indumentaria Rever Pass y Be Rebel, solicitó formalmente el concurso preventivo de acreedores. Con más de cuatro décadas de trayectoria en el mercado masivo, la compañía intenta reestructurar un pasivo comercial y financiero que supera los $7.000 millones.
La apertura del proceso judicial por parte del Juzgado Nacional en lo Comercial N°18 expuso la gravedad de la situación. La empresa manifestó haber "agotado las alternativas para sostenerse" antes de acudir a la Justicia, quedando formalmente en estado de cesación de pagos tras verse imposibilitada de cumplir compromisos asumidos con personal desvinculado.
Este caso no representa un hecho aislado dentro de la cadena de valor industrial argentina. Datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) señalan que en los últimos doce meses cesaron sus actividades 330 establecimientos del rubro, registrándose la destrucción de 15.468 puestos de trabajo formales en todo el país.
Para comprender el deterioro acelerado de la compañía, resulta útil analizar la anatomía de sus estados contables. Durante el ejercicio 2025, IGT33 S.A. facturó $11.814 millones, lo que implicó un desplome cercano al 24% en términos reales en comparación con el período previo. La ganancia bruta se redujo drásticamente desde los $8.962 millones hasta los $5.678 millones.
Al mismo tiempo, los costos operativos mantuvieron una inercia ascendente insostenible. Los gastos combinados de comercialización y administración alcanzaron los $8.567 millones, sobrepasando holgadamente la utilidad bruta del negocio. Esta brecha derivó en un resultado neto negativo de $4.365 millones al cierre del último balance, marcando un deterioro severo frente al rojo registrado en 2024.
El ahogo financiero funcionó como un catalizador decisivo. Para sostener la estructura productiva y la red comercial, la empresa recurrió a endeudamiento bancario con tasas de interés que rondaron el 100% anual. Ese costo del crédito, sumado a un resultado financiero negativo de $1.200 millones, terminó erosionando la liquidez indispensable para operar en el día a día.
El impacto en el canal comercial y los nuevos patrones de consumo
El modelo de negocios tradicional de la confección enfrenta una tensión estructural entre la producción nacional y los cambios de hábito del consumidor. Mantener la presencia en grandes centros comerciales implica afrontar fijos elevados en concepto de alquileres, expensas, fondos publicitarios y cargas prestacionales.
Frente a este escenario, la irrupción de las ventas digitales transfronterizas modificó las reglas de juego. Plataformas de origen oriental comercializan indumentaria directamente al consumidor final con esquemas logísticos exentos de las cargas tributarias, previsionales y de infraestructura física que soportan los comerciantes e industriales radicados dentro del territorio nacional.
Los precios finales del sector quedaron descalzados respecto a los costos de confección, insumos e impuestos. A pesar de aplicar agresivos programas de promociones y descuentos, las marcas locales no lograron trasladar la totalidad de los incrementos a las etiquetas sin perder volumen de ventas, lo que deprimió los márgenes unitarios de ganancia a niveles críticos.
La red comercial de la firma abarca 13 locales alquilados en paseos de compras, además de una planta industrial propia ubicada en Ricardo Rojas. Ante la contracción del mercado, la dirección intentó cerrar puntos de venta no rentables —incluyendo sucursales situadas en la Costa Atlántica— para migrar hacia canales de menor costo fijo, como las franquicias y el comercio electrónico.
La reestructuración requería transformar la matriz productiva hacia un modelo mixto que combine ensamble local con importación de prendas terminadas. No obstante, la reconversión exigía inversiones de capital y acuerdos con proveedores que resultaron inviables de financiar en un marco de iliquidez extrema, donde incluso la liquidación de salarios debió desdoblarse en dos tramos.
La situación de la empresa refleja los dilemas que atraviesan los corredores comerciales de ciudades como Rosario, Santa Fe y otros nodos urbanos donde los locales textiles deben reconfigurar sus estrategias. La combinación de menor consumo y mayores costos de mantener persianas abiertas obliga a acelerar procesos de reconversión para preservar la sostenibilidad financiera.
El concurso preventivo busca otorgar el aire legal necesario para renegociar las acreencias y preservar 100 puestos de trabajo directos. La evolución del expediente marcará la viabilidad de adaptar una firma histórica a las exigencias de un mercado textil que mutó de manera irrevocable.

Comentarios