Niki Rue Serafín tiene al ballroom encarnado. Los espasmos que la elevan de la pasarela siguen el ritmo de la música electrónica pero sobre todo a esa arenga de tribu desatada alrededor del fuego. Como una gata que sigilosa avanza hacia la presa, se abre paso con sus shorts blancos que revelan uno. muslos tensos. Las piernas se retuercen hasta un final de charol negro. Se toca y sonríe, la mirada sostenida y desafiante. Ahí mismo y en ese instante todo puede ser. 
 

Es la princesa de la casa Kaos.

La sangre de la travesti se puso azul gracias al ballroom, un movimiento cultural y social importado de la resistencia de las disidencias afros y latinas de la Nueva York de los setenta a la marginación social, y que con los años se convirtió en un refugio queer en el mundo. También en Rosario.

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Pero no siempre fue así. Niki nació plebeya, hija de una familia laburante de la zona sur de Rosario, rincón urbano en el que creció con apariencia de niño y alma femenina. Si bien su condición era aceptada, la convivencia no era la mejor y dejó su casa natal a los 18 años. “Necesitaba habitar mi identidad tranquila”, sostuvo en diálogo con Rosario3. Se buscó un trabajo, alquiló un lugar con una amiga en el centro y comenzó a meterse en el mundo del Marketing.

Por esos días su “passing” tomó mayor ritmo, aunque su transformación fue “un proceso superlento” en el que se revisó en profundidad para lograr develarse. “Pude entenderme como una marica más afeminada, comprender mi identidad no binaria y después poder decir «soy una transfeminidad» y esta transición no solo es personal sino social y política”, señaló.

Niki baila en la pasarela ante el jurado durante una Kiki session (Alan Monzón). 
Niki baila en la pasarela ante el jurado durante una Kiki session (Alan Monzón). 

Cuando Niki era chiquita bailaba frente al espejo y jugaba secretamente a ser Britney Spears. Esa fantasía, por entonces, tan doliente en su imposibilidad fue haciéndose realidad a medida que se metió en el universo del ballroom, un movimiento cultural under impulsado por personas LGTBIQ+ racializadas (latinas y afroamericanas) como espacio de resistencia, comunidad y autoexpresión, a través de competencias (balls) con una multiplicidad de categorías –las más emblemáticas son el voguing y la pasarela o runway– estructuradas en "casas" que funcionan como familias elegidas.

“Ballroom me ha ayudado a encontrarme con el arte. Hay tantas categorías que te vuelan la cabeza que te dan ganas de progresar. A mí me vinculó con la danza. Hoy me estoy formando, tuve la fuerza y la garra de poder tomar clases. Antes hubiese sentido que era exponerme mucho ante héteros, pero el ballroom nos ha dado visibilidad a las personas trans y también conexión con otros movimientos”, valoró. Esta vinculación también le permitió progresar con su transformación corporal y sentimental, la animó a vivir su identidad, a forjarse su nombre propio.

El 1 de mayo la casa Kenwa organizó una Kiki Session en La Usina (Alan Monzón) 
El 1 de mayo la casa Kenwa organizó una Kiki Session en La Usina (Alan Monzón) 

La cultura ballroom se organiza en “casas” de “familia”, que son grupo. de pertenencia y abrigo, de contención e identificación, liderados por una persona a la que se le llama madre o padre, quien guía a sus hijos e hijas para competir en la pasarela pero también en los avatares de la vida. En estas estructuras también puede haber príncipes y princesas, quienes se ubican en un lugar de confianza de esos padres y por supuesto en la línea de sucesión. Hoy con 31 años, Niki es la princesa de la casa Kaos de Rosario, que convive con unas 7 casas en la ciudad, que juntas, le dan pulso al denominado movimiento Kiki. un reflejo local y particular de la movida norteamericana.

“Es realmente como una familia en la vida real”, explicó la princesa. “Ballroom es un espacio disidente, somos todas personas expulsadas de nuestras casas, que no somos aceptadas, ya que la sociedad no está hecha para nosotras en cierto punto. L. vida trans, la vida travestis es eso: formar tu propia casa, tu propia familia”, resumió.

El público agita y exalta la participación de una chica trans en la Kiki Session (Alan Monzón). 
El público agita y exalta la participación de una chica trans en la Kiki Session (Alan Monzón). 

Fantasía 

El ballroon es un espacio de fantasía en donde nos pensamos enormes, las más caras y las más lindas, en una realidad que está por encima de nosotras, en la que todos nos aplauden por eso. Es muy lind. cuando viene una marica nueva y se la cree, cuando ves que le brillan los ojos, cuando la ayudaste a montarse, a hacer su producción, y la metiste en el escenario. La marica explota y una dice »Bueno, esta esta persona conoció algo hacia donde se puede proyectar»”. 

Así entiende esta movida Evan Javiera, conocida en la escena como Mother Monster Evan Disidentra, madre fundadora de la casa Disidentra de Rosario.  Ella fue testigo del primer ball en Rosario: “S. gestionó en el bar de Terrazas del siglo, donde estaba trabajando como moza y coordinadora infantil por la tarde, y como draga por la noche, por lo que pude ver el detrás de escena de esa primera movida que estaba por nacer en la ciudad”, recordó sobre ese nacimiento en 2019.

Evans fue ovacionada en la Kiki Session en La Usina Social (Alan Monzón). 
Evans fue ovacionada en la Kiki Session en La Usina Social (Alan Monzón). 

“Ballroom me puso en contacto con una comunidad que comenzó a construirse activamente política. Ahí entendí el lado social y comunitario del trabajo que llevábamos haciendo y en contacto con distintas escenas Ballroom del país y del mundo, comenzamos a apostar a crecer con toda la diversidad de identidades y trasfondos que queremos celebrar en la pasarela”, auguró la madre.

Gala es la madre de la casa Curimba y a través del ballroom concreta “la fantasía de la familia, de la ostentación, de ser una figura relevante”, precisó sobre los deseos que proyecta en la pasarela, aunque aclaró de inmediato: “No es ni más ni menos que una fantasía. Estos roles que podés utilizar en ballroom es lo que la sociedad no te deja ser, son los lugares que históricamente nos han sido negados, por eso deseo que con ballroom haya una conciencia antirracista, entendiendo que los y las protagonistas somos las personas trans racializadas, que si Ballroom sigue sucediendo es porque seguimos dando respuesta al racismo”, remarcó.

Gala en el centro del jurado mira el desempeño de un participante en la Kiki Session (Alan Monzón). 
Gala en el centro del jurado mira el desempeño de un participante en la Kiki Session (Alan Monzón). 

Kiki

Rosario tiene su movimiento Kiki, la adaptación local de la cultura ballroom. Pero es mucho más, de acuerdo a la Biru, madre de la casa Kenwa. “Las escenas Kiki's son juventudes juntándose para celebrar que estaban vivas, son lla generación después de esa generación que ha resistido la muerte de las enfermedades y la discriminación, luchas que hoy siguen existiendo a pesar de los derechos que ganamos”, explicó.

La impronta del movimiento es dada a través de las llamadas categorías de competición. Las madres de Rosario estimaron que en la escena local se han desplegado unas 90. Un montón. “Se inventan categorías que respondan a las necesidades que tenemos. Más allá del contexto competitivo, porque ante todo, queremos jugar, queremos ganar y ser regias, hay una lucha política e identitaria”, apuntó y continuó: “Entonces, una runway (pasarela) permite ver que corporalidades gordas, distintos tipos de cuerpos, pieles negras que no son de ébano como suelen ser fetichizadas, podemos ver distintas negritudes”.

 La Biru, madre de la casa Kenwa fue la organizadora del Kiki Session del 1 de mayo en La Usina (Alan Monzón).
. La Biru, madre de la casa Kenwa fue la organizadora del Kiki Session del 1 de mayo en La Usina (Alan Monzón).

“Nosotras traemos una cultura de afuera que se encontró acá con la no binariedad y con una marronitud que no es tan aceptada y a la que debimos meter en la escena mediante la lucha”, aportó Evan sobre la adaptación al movimiento original.

Para cada espacio en el que las personas trans se sienten relegadas, violentadas o reprimidas. el ballroom ofrece una categoría que les permite habitarlo en e. marco ilusorio que brinda la pasarela, de la mano del arte. “Face” va a celebrar el rostro, “body” las distintas corporalidades, el “voguing” la moda, la categoría más famosa mundialmente. 

¿Cómo se perfila alguien para una categoría? Para Gala es sencillo: “Ya viene con hambre de algo”, comentó, a lo que Niki agregó: “Las personas que llegan a ballroom quieren expresar algo. Pasa mucho que llegan como gaycitos y a las dos semanas ya son travestis. Entonces, claramente había algo que sacar, y que si no tenés a alguien al lado que te cuide y que te acompañe en ese proceso, no lo hacés”.

El público aplaude y vitorea a una joven que danza en la pasarela (Alan Monzón). 
El público aplaude y vitorea a una joven que danza en la pasarela (Alan Monzón). 

Abanico de identidades

A fin de despejar dudas, Niki advirtió que es común creer que el ballroom es específicamente drag. “Te dragueás, pero la drag queen es una identidad más dentro de un abanico de identidades”, dijo y enumeró: “Están las femme queens que son las mujeres trans, los travos son los hombres trans, las personas no binarias. women, que son las mujeres cis, que también son una minoría dentro del sistema, los Butch Queens, que son los gays, los putos, las butch que son las lesbianas y –ironizó– está la identidad del hombre cis que existe. pero realmente no se acercan, salen corriendo”.

“Esto hay que aclararlo”, lanzó Gala para remarcar: “Ballroom al ser un espacio antirracista y al haber sido un espacio negro, fue funcional a las comunidades negras y latinas. Los hombres pertenecían a la comunidad siempre que fueran negros, latinos o novios de la femme. Esto terminó con la pandemia rosa, ahi es cuando los cis se alejan de esta cultura”.

Para Niki, la inmersión en este universo deshace la mirada binaria del mundo. “Si ya pertenecés a la comunidad queer o si tenés un acercamiento al ballroom, deconstruís tu pensamiento. Dejás de ser cis al entender que lo binario no existe y que es todo lo que está mal del sistema”, observó.

 El balllroom y sus categorías permiten desear y fantesear (Alan Monzón).
. El balllroom y sus categorías permiten desear y fantesear (Alan Monzón).

Ganar siempre

¿Y cuál es la casa que más gana? Niki se apuró a contestar: “Creo que nadie llega a hacer conteo” Entonces, entre risueña y tímida, la madre Disidentra susurró: “Tengo un Excell”. “Me muero”, gritó Gala aplaudiendo a carcajadas. Más allá de la humorada, parece ser que la victoria no es el fin primordial de la competencia y que en el Kiki lo relevante es participar, aunque Gala recordó con orgullo que Rosario fue la primera escena en entregar trofeos.

“No importa tanto cuántos trofeos se lleva cada casa, sino cómo cada una de esas personas lleva su historia a la pasarela y cómo hace para que esa categoría tenga un significado dentro de la escena”, insistió Evans. A lo que Niki añadió: “Ganar te va formando como un referente, pero lo importante es defender la categoría con preparación, estudio, hablando con quienes tienen más años que vos en ballroom para aprender y enseñar a los que vienen, manteniendo la cultura”.

En la pasarela, la fantyasía es realidad por un rato (Alan Monzón). 
En la pasarela, la fantyasía es realidad por un rato (Alan Monzón). 

La clave para madre Gala es la perseverancia. Tanto en la pasarela como en la calle. “Un clásico de los putos. Resilientes todos. Yo siempre digo que somos herederas de la resistencia y de la resiliencia. Y que eso ha hecho que los putos no se queden. No nos mató la Dictadura, no nos mató el bicho, no nos mató la pandemia y seguimos acá divinas. No nos va a matar nada. Pero eso tiene que ver con que hubo figuras enormes que han caminado antes que nosotras y ya han dejado cuerpo y alma”, manifestó.

“Literal. Corrieron para que nosotras caminemos”, sintetizó la madre Biru.