“La maternidad es algo innato de la travesti, que nace con esa cosa de querer solucionarle la vida al mundo, sobre todo cuando ve una mariquita que le brillan los ojos por querer ponerse un par de zapatitos. La travesti se desespera cuando ve a otro putito y ve que tiene hambre de ser alguien. Y la travesti lo ha pasado, ha atravesado frío, hambre y golpes”.

Con 29 años, Gala es la madre de casa Curimba en Rosario y quien lidera a un grupo de trans que participan del ballroom, una cultura LGBTQ+ nacida de forma clandestina entre jóvenes afroestadounidenses y latinos en Nueva York, Estados Unidos, con una identidad propia. ¿Qué significa maternar en ballroom? Los acompaña en su preparación estética, física y artística para la competencia de performance en diversascategorías , pero al mismo tiempo, les brinda contención y cariño, las atenciones que se suelen adjudicar a los padres y madres. Nacida en la zona sur de la ciudad, actualmente vive en el centro trabajando como artista, música, actriz y performer.

“Soy una identidad travesti”, se definió en diálogo con Rosario3 y pide aclarar que su transformación fue un trabajo colectivo y en comunidad. También se identifica en su rol maternal en ballroom: “Rosario se distingue por las madres que hay”, aseguró y destacó: “Maternar es decir »lo poquito que tengo es lo poquito que voy a aportar», porque imaginate por toda la que una atraviesa en la vida. De de repente querer cambiarle la vida a una más es algo que suena un poco lejano muchas veces. Pero no se discute que eso es amor”.

En Rosario se estima que hay entre 6 y 8 “houses”, familias afectivas integradas por personas LGTBQI+ que, voluntariamente, se suman para aprender los códigos del ballroom, pero también los secretos de la vida trans.Y sobre todo, buscan contención y forjarse una identidad en un mundo que muchas veces es hostil con las diferencias.

La Biru muestra la remera con el nombre de su casa (Alan Monzón). 
La Biru muestra la remera con el nombre de su casa (Alan Monzón). 

“Estas familias que nosotras elegimos tienen su historia propia y a veces nosotras que estamos más tirando para los 30 conocemos chicas de 19, 20, 22 años, que recién están conociendo la escena o recién están encontrando su camino como travesti o saliendo a la calle y encontrándose con lo que es la vida y entonces nosotras las madres venimos, de alguna forma, a traerlas a la escena para que aprendan también a manejarse afuera”.

Evan Javiera, conocida en ballroom como Mother Monster Evan Disidentra, es la madre fundadora de la casa Disidentra en la escena de Rosario. Actualmente vive en la ciudad, pero nació en Corral de Bustos (Córdoba) y se crió hasta los 18 en Venado Tuerto. Se recibió de traductora de inglés y trabaja de forma autónoma. Pero también desarrolló una carrera artística: “Me encontré con mostras, dragas y travestis en una movida autogestiva, y así comencé a hacer drag. En la construcción de mi personaje me pude entender como una mostra no binaria, eventualmente como travesti y como disca dentro de esa monstruosidad” se definió.

“He tenido a mis hijas y a gente que no lo es viviendo en mi casa, acompañándolas a buscar un bolsón, juntándolas para que cocinen para todas,, y también asegurándome de que tengan una salida laboral, porque de mí no pueden depender porque plata yo no tengo”, profundizó sobre su maternidad. “Les enseño que para verse regia primero buscamos una salida para que pueda estar bien y después llegamos a ballroom”, agregó.

Ser madre ballroom es seguirles el paso a los “hijes” en su entrenamiento para ballroom, pero al mismo tiempo dándoles el apoyo en la vida diaria. Es bancarlos, acompañarlos, darles un abrazo.

 Una escena de la Kiki Session que tuvo lugar el 1 de mayo en La Usina Social (Alan Monzón).
Una escena de la Kiki Session que tuvo lugar el 1 de mayo en La Usina Social (Alan Monzón).

“Me muevo como madre sin darme cuenta porque es mi manera de ser, por lo menos en ballroom. Así me ve la mayoría también, me es natural. Doy los cuidados que a mí me faltaron. Fui hija de una negra migrante que ejerció trabajo sexual muchos años, atravesó problema de consumo y viajó durante muchos años. Entonces lo que me faltó ahora lo puedo brindar. Hoy tengo un trabajo que me da estabilidad, entonces mi maternidad es estar en lo cotidiano, ya sea ayudando en la disciplina que implica el ballroom como a armar un currículum. Intento darles las herramientas que mi propia experiencia”.

La Biru es moza de un bar céntrico de Rosario y se autodefine no binaria. Dice que es la madre con más hijos e hijas del país, la fundadora de la casa Kenwa en Córdoba en donde maternó a 12 chicos y chicas trans que hoy lideran sus propias houses.. Radicada en Rosario, pasó por un período de “adopción”, y actualmente cuenta con dos hijas.

“Todos siguen siendo hijos e hijas, todavía me dicen “vieja” o “madre”, un vínculo que tenemos dentro y fuera del ballroom. Es el respeto que me gané de esas personas teniéndolas en mi casa en ese momento. Y ahora tengo una generación nueva”, destacó.

 Uno de los premios obtenidos en la Kiki Session (Alan Monzón)
Uno de los premios obtenidos en la Kiki Session (Alan Monzón)

Pesares de la maternidad

Cuidar de las personas implica acompañar pero también involucrarse. Las madres del ballroom lo hacen tanto en lo artístico como en lo personal. Y aunque hay buenos y hermosos momentos compartidos, sobre todo en la pasarela cuando la fantasía se suelta, la vida trans es compleja y dolorosa. Son los flagelos de la discriminación y la violencial los que dieron origen a la movida cultural que hoy sigue cobijando a sus víctimas.

“Ahora estoy en proceso de acompañamiento psicológico y psiquiátrico de una de mis hijas”, precisó Biru ante la inquietud sobre qué problemas atraviesan sus hijos e hijas en general. “Creo que lo más problemático que hoy afrontamos es el consumo y las afecciones de la salud mental”, lamentó al tiempo que consideró que el individualismo reinante no colabora en la solución de los conflictos.

Madre Evan advirtió que el panorama social empeora día a día y eso repercute en su rol de madre. “Estamos en una crisis habitacional muy grande, en una crisis de empleo y como comunidad travesti nos sacan derechos logrados por las compañeras. Entonces, hacer un acompañamiento es difícil porque a veces no hay trabajo ni para nosotras”.

“Las chicas llegan muy cagadas a palo, buscando un lugar”, lanzó Gala sin rodeos. “Seguimos atravesando los mismos patrones de siempre: la exclusión del hogar, a veces de manera más violenta, otras veces de manera menos violenta. La exclusión de la escuela también es algo que puede suceder. Y todo se ve reforzado después del discurso de Davos”, indicó haciendo referencia al repudiable discurso del presidente Javier Milei contra la diversidad sexual.

“Nos ha pasado el tener que pasarnos las maricas de una casa a la otra, porque a veces los sustentos económicos nuestros no nos permiten poder tener a una un año entero. Entonces las cobijamos entre todas hasta que encuentre un equilibrio. Es increíble como de un día para el otro las maricas se van de la casa y a la intemperie, no importa donde se vayan a parar. Entonces una acompaña como puede, con un pedacito de pan, con un poquito de amor ante un odio social que crece y es terrorífico”, expresó.

 El ballroom es un espacio de contención social para las personas trans (Alan Monzón).
El ballroom es un espacio de contención social para las personas trans (Alan Monzón).

Desprecio

Los pesares que cargan estos hijos e hijas y arrastran a sus casas son los mismos que han padecido las personas trans en la historia, a pesar de algunos avances en materia de derechos. Gala apuntó a un falso progresismo en parte de la sociedad que no tolera la visibilidad de la persona trans, blanco de miradas, burlas, insultos y hasta violencia. 

“Un gay que no es travesti muchas veces tiene dos CV, uno como varón y otro como marica dependiendo en donde entre a pedir trabajo”, mencionó Evan, quien agregó: “Las que vivimos en el barrio 
sabemos que para pedir trabajo en el centro hay que ponerse la mejor ropa, hablar diferente a como hablás con sus amigas, fingir un montón de cosas que no son necesariamente vos, pero la sociedad te pide como ese blanqueamiento para estar en lugares de poder, ya sea estudiando o trabajando si es que podés acceder a eso”.

“Las travestis siguen siendo violentadas todos los días, por más que no te toque a vos hoy te van a seguir buscando”, subrayó y alertó que en su mayoría son los varones heterosexuales quienes las atacan en las calles pero al mismo tiempo son quienes mayormentes consumen sus servicios sexuales, una actividad que muchas deben ejercer a fin de lograr sobrevivir.

 La escena Kiki en Rosario reúne a decenas de jóvenes trans que se unen a través del arte y la política (Alan Monzón)
La escena Kiki en Rosario reúne a decenas de jóvenes trans que se unen a través del arte y la política (Alan Monzón) 

Gala profundizó sobre las raíces de. maltrato y la segregación que soportan: “Se privilegia socialmente una construcción eurocentrista y racista que no termina con que vos seas hombre o mujer, sino que tenés que llegar a ser masculino o femenina y ocupar el rol que te toca en ese sentido”.

“La feminidad está pensada para que ninguna mujer la alcance”, resumió Javiera sobre los mandatos imposibles. “Yo me miro al espejo y sé que no paso por mujer, pero no me exijo porque más que mujer trans, soy travesti”, confió. Esa conformación además debe conllevar una enorme fortaleza, un verdadero escudo contra la malicia: “También tengo que construirme a mí misma sabiendo que voy a hacer 10 cuadras y 10 tipos me van a decir cualquier cosa y si me ven asustada, puede escalar y puedo terminar muerta”.