El dolor de cabeza es una de las molestias más comunes a lo largo de la vida. Sin embargo, no todas las cefaleas (término médico más preciso) se manifiestan de la misma manera ni con la misma intensidad. Aunque suele asociarse a la adultez, también es frecuente en la infancia y adolescencia, donde muchas veces pasa desapercibida.
En ese sentido, un informe de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica señala que cerca del 60% de niños, niñas y adolescentes experimenta cefaleas que afectan su vida cotidiana. “El dolor de cabeza es una de las patologías neurológicas más frecuentes en todas las etapas de la vida, incluida la infancia, pero muchas veces está infravalorada, incluso por el propio sistema de salud”, advierten desde la entidad.
Las consecuencias no son menores, ya que los episodios de cefalea pueden impactar en el rendimiento escolar, generar ausentismo y afectar la vida social y familiar de los chicos. En ese contexto, los especialistas insisten en la importancia de prestar atención a los síntomas y no minimizar las quejas.
Entre los cuadros más habituales aparece la migraña, que afecta a entre un 7,7% y un 9,1% de los menores con dolor de cabeza. Este tipo de cefalea puede extenderse durante varias horas e incluso hasta 72 horas en algunos casos, lo que requiere un abordaje específico.
Uno de los principales desafíos es lograr un diagnóstico temprano. Según los especialistas, cuando la cefalea comienza en la infancia puede volverse “invisible”, lo que retrasa su detección y aumenta el riesgo de que se cronifique. De hecho, hasta un 73% de los niños con cefalea crónica continuará presentándola en la adultez.
Para identificar posibles señales de alarma, los profesionales utilizan herramientas como la regla SNOOPY, que incluye 6 síntomas a tener en cuenta. Ante cualquiera de estos signos, se recomienda la consulta médica:
-S: síntomas sistémicos (fiebre) o alteración del estado general.
-N: signos neurológicos en la exploración.
-O: “on set”, inicio reciente o brusco de la cefalea.
-O: localización occipital del dolor.
-P: empeoramiento precipitado por maniobras de Valsalva (técnica que diagnostica diferentes alteraciones), tos o ejercicio; variación de cambios posturales; progresión en intensidad o frecuencia; ausencia de antecedentes familiares de migraña.
-Y: “years” aparición en edades tempranas.
En cuanto al tratamiento, existen distintas alternativas que van desde medicación hasta terapias más recientes como la neuromodulación o la infiltración con toxina botulínica. No obstante, los especialistas destacan que cada caso debe evaluarse de forma individual y que es clave garantizar el acceso a diagnósticos y tratamientos oportunos para evitar complicaciones a futuro.
Fuente: EFE.



